Una Hora Más

Por Matías Ganduglia

Horacio aguardaba a su amigo. Valoraba mucho ese lapso donde podía pasar ratos con él, aunque sean breves. Tenía claro que en los tiempos de él se está en constante movimiento.
Cumplía una hora más de trabajo. A su derecha esperaba ver a Segundo acercarse. Mantenía la intriga de su última charla, donde debatieron la posibilidad de que los humanos vivan en otros planetas. Le parecía descabellado: teniendo en cuenta los recursos naturales que un planeta necesitaría, la Tierra formaba una especie de casualidad que había dado curso a la vida y veía difícil que se repita. Opinaba que llevar adelante un plan así sólo fracasaría; no importa el esfuerzo que haga la ciencia, jamás podría reemplazar los dotes que provee la naturaleza para el equilibrio vital.
Observó que Segundo se acercaba con su habitual paso sereno y coordinado. Compartir tiempo con él lo alegraba ya que encontraba en sus conversaciones ideas un tanto enredadas que comenzaban a tomar forma cuando las expresaban.
Se nubló sólo por un instante.
Segundo se paró a su derecha.
¡Te digo que sí! En unos años los planetas van a estar poblados por humanos. Algunos tendrán condiciones más favorables, pero no tengas dudas – dijo Segundo observando y revolviendo el cielo con las manos, continuando la conversación anterior.
No me parece. Y en todo caso, dudo poder verlo –
Segundo esbozó una mueca – Pero que vos no puedas verlo no lo hace imposible, ni menos real – Hizo el comentario haciendo dudar a su amigo.
Es complicado imaginarlo. Si se diera algo así, quisiera verlo. Pero no lo creo posible. Y al fin de cuenta uno es libre de pensar lo que quiera – exclamó Horacio.
La mirada de Segundo se detuvo en él.
Se paró frente a frente
Lo observó desde su altura (era considerablemente más alto):
¿Libre? ¿Acaso te sentís libre? – preguntó casi irónico.
Sí… – dudó Horacio-Cómo no –
El cielo volvió a nublarse momentáneamente.
Segundo estaba ahora a su izquierda.
¿Alguna vez pensaste sobre la libertad? –
Horacio frunció el ceño:
¿Pensar la libertad? Sí, creo. Respiro, pienso, avanzó, trabajo, descanso. Soy libre –
Segundo levantó la vista:
Y cuando te movés ¿lo hacés en la dirección en la que vos querés? –
Horacio no supo responder. Y menos supo a qué se refería Segundo.
Te veo luego – Segundo siguió su recorrido.
Horacio se vio desconcertado. No entendía por qué Segundo cuestionaba su conciencia de libertad.
Continuó en su puesto una hora más. Reflexionaba sobre la conversación. Pensaba que si podía preguntarse si era libre, era un signo de propio albedrío.
Observaba a su derecha por la llegada Segundo. No podía dejar de pensar, además de sentir una leve irritación, por qué debía considerar que no era independiente.
Mirando el cielo vió la efímera nube. No atendió la llegada de Segundo a su derecha.
Estaba abstraído en sus pensamientos.
Segundo se ubicó enfrente.
La pregunta agrietaba su cabeza:
Y vos… ¿qué sabés sobre la libertad? –
No tomes a mal mi pregunta. Veo que igualmente algunas dudas te generó. Considero que ni vos ni yo somos capaces de confirmar que es la libertad. Pero ¿no te parece interesante caer en la pregunta? Se hace difícil saber qué es si nunca pensamos en ella.
Segundo sólo provocaba nuevos surcos en los pensamientos de Horacio.
Quizás – dijo éste inquieto – Es cierto que parece difícil. Además, la libertad es posiblemente algo muy personal–

Segundo se acomodó a su izquierda.
Nubes. Recorrido habitual.
Puede que dudar de nuestro conocimiento sobre ella es una buena forma de empezar– dijo Segundo
¿A saber qué es? –
No – dijo mientras partía – A ser un poco más libres –
Se perdió en la distancia.
A Horacio le pareció un comentario preciso que le generó cierto vacío. Notó cómo cada decisión de su vida se veía influenciada de una u otra manera.
Otra hora (se nubló) y estaba inmerso en sus ideas (se despejó). No notó que Segundo…
A su derecha.
Tampoco reparó que…
Pasó frente a él
Izquierda
Se alejó.
Finalmente Horacio volvió sobre sí.
Otra hora.
Segundo a su derecha.
Sin notar el tiempo transcurrido, espontáneamente consultó:
¿Vos pensaste en ella? –
Ahora parado frente a él.
Observándolo desde la ventaja de su altura:
He pensado, sí –
Silencio. Luego, con la vista calada en el horizonte invisible que dibuja recuerdos, dijo:
Pero… creo haberla vivido en la anacronía donde uno presta atención a la posición del sol y la luna. Cuando es posible respirar hondo y los pulmones no se llenan del fuego agobiante que acostumbramos. Sentí la libertad en sus ojos sin acompañar la parábola visual a la muñeca, pudiendo descansar en ellos. Como también he descansado en la playa mientras el sonido del mar bañaba mis pensamientos, haciéndolos mucho más libres también.
Horacio no pudo más que oír a su compañero, sin emitir palabra.
Sería libre fuera del mundo y toda su escenografía llamada realidad, incorporada desde los primeros minutos de la conciencia –esbozó con énfasis – Podría ser libre, si realmente lo quisiera –
Horacio no tuvo respuesta que se acoplara a lo que había oído.
El silencio gobernó el ambiente.
Se nubló un instante.
Qué bueno sería tener más tiempo para pensarlo – dijo con humor Horacio
Segundo esbozó una sonrisa – Irónico. Si tuviera más tiempo, no lo dedicaría a hablar más sobre esto. Ni lo pensaría. –
Se incorporó a su izquierda.
Horacio se veía cansado:
Segundo, vos querés volverme loco. Bastantes vueltas doy en este trabajo – dijo sonriendo – Demasiadas ideas. Necesito descansar para cuando llegues la próxima hora.
Seguro amigo mío, también tengo horas por delante– dijo Segundo levantándose
Así es. Aunque cuando uno descansa pareciera que el ruido de esa nube se triplicara.
Segundo comenzaba su marcha – Horacio, eso está solo en tu cabeza- dijo-Descansá- y se alejó mientras los primeros tic – tac provocados por la nube comenzaban a perturbar el descanso de su compañero de trabajo.

Print Friendly, PDF & Email