Revista Brote – La cámara lúcida de Antonio Fresco

Por Oriana Racciatti

La fotografía y la danza se insertan en el mundo como artes opuestas. Una refiere a la quietud y la otra al movimiento. Sin embargo, existe un híbrido entre ambos lenguajes: la fotografía de danza; que no hace más que dejar fijo un movimiento efímero. Gracias a ello, las alegorías que describe un cuerpo en el espacio se perpetúan en una imagen estática que permiten recuperar el mensaje breve y fugaz que el artista contó.

Similar al trabajo de Degas, quien retrataba los ensayos de danza, podemos hablar de Antonio Fresco. Fotógrafo profesional que, en la actualidad, recorre los más prestigiosos cenáculos de la danza para capturar a excelsos bailarines. Con más de 30 años, su obra se vuelve día a día más abultada. Fotografió a numerosos espectáculos del Teatro Colón, Asociación Arte y Cultura, Ballet del Mercosur, Arte XXI, Fundación Konex, Ballet Neoclásico de Buenos Aires, Ballet Sub-16 Julio Bocca, Museo de Arte Moderno, Ballet Universitario Nacional de Arte, entre otros tantos. Así como las campañas de difusión de Los Productores, Pingo Argentino, Hernán Buenos Aires, Disney 100 años de Magia, Ballet Concierto de Iñaki Urlezaga, y más.
Este talento nace tiempo atrás, en la vieja editorial Abril (director César Civita) cuando comienza a colaborar como fotógrafo de las publicaciones. Años más tarde, llega al diario La Nación para la sección “página de la mujer” que lo acerca al mundo de la moda y que le permite seguir en él, hasta la actualidad. Durante esos años en el diario, por medio de una nota al Instituto Superior de Arte (I.S.A) del Teatro Colón, lo llaman para documentar una falencia. De esta forma comienza a fotografiar las distintas carreras y presentaciones a lo largo de 15 años. Orgulloso, afirma Antonio: “Una de las más ricas etapas de mi profesión”. No cabe duda.
En este momento se desempeña profesionalmente de forma independiente con el prestigio de público reconocimiento que avala su trabajo. “La fotografía para mí es un hobby. Me gusta lo que hago y me satisface ver como complemento el trabajo de bailarines, modelos y diseñadores.”

Como un niño inquieto, desafía a la danza buscando la precisión que lo inspira a conseguir ese instante único e irrepetible. Roland Barthes, semiólogo francés, que ha dedicado parte de su vida al estudio de la imagen hablaría de “studium”; la parte de la fotografía que el autor ha planificado, o buscado, y hasta diríamos que “conscientemente percibido”. Y a pesar de que cualquier observador, incluso no especializado puede descubrirlo; y a pesar de que cualquier autor puede construirlo… es la investigación que realiza Antonio lo que hace la diferencia.
Sin embargo, el studium remite inmediatamente al lenguaje para poner en palabras lo que sucede frente a la imagen pero no consigue describir qué sucede hacia el interior de la persona que observa esa fotografía. Para ello, Barthes concibe la noción de “punctum” ese azar que, en ella, me apunta. Siempre íntimo y personal, que se sale del campo ciego de la fotografía. Cualidad que muchas veces fuera del control del fotógrafo conquista el gusto personal. Y eso es exactamente lo que consigue Antonio Fresco en cada imagen, impactar emocionalmente al observador convirtiéndolo en un activo ser que reclama respuestas que definan la belleza que acaba de contemplar. Sin titubear confiesa, “es un privilegio vivir de la profesión que quiero, aunque en el recorrido haya habido momentos buenos y no tantos”. Con la misma humildad de sus palabras, trabaja para mostrarnos la magia de cada foto.

El hecho de ser “un buen fotógrafo” no se basa solo el “studium” de Barthes, sino en idear un hechizo que deje una impresión sobre el curioso que se ha detenido en el trabajo del artista. Porque un hecho artístico es la suma de sus partes, una expresión compleja, sensible y visceral, no sólo formal.

El papel de la fotografía en este género es el testimonio plasmado de un momento que nunca se repetirá y que, en cierta forma, intenta prorrogar vida a un instante. Así mismo es el “ha sido”, que en palabras de Barthes, es el “éxtasis fotográfico” de conjugar lo que fue y vuelve a ser cada vez que uno lo mira.

Poesía en movimiento, podemos llamar al trabajo de uno los grandes referentes de la fotografía de danza de la Argentina. Quien inconscientemente hace lúcida su cámara, enseñándonos un referente y dejándonos una herida que sin saber muy bien nos afecta bajo los efectos de la luz.

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