Revista Brote – Habitar

Por María Sol Guarino

El viernes 11 de Marzo se inauguró en el Multiespacio Cultural de la UNGS la muestra colectiva Habitar, que contó con las obras de Fabiana Barreda, Ana Gallardo, Diego Melero, René Peralta, Maximiliano Peralta Rodríguez e Iconoclasistas (Pablo Ares y Julia Risler).

Todos habitamos un lugar, un espacio. Vivimos en él, nos desplegamos, nos encerramos o abrimos la puerta a otros. Puede ser la casa, el barrio, el mismo cuerpo o un lugar psicológico en el que se busca refugio. El mismo “sitio”, visto desde diferentes ópticas y vivido de maneras diversas, da como resultado modos de habitar particulares.

Durante la inauguración, los artistas nos hablaron -tanto con sus palabras, como con sus obras- del significado que tiene para cada uno de ellos el título de la muestra.

Construir un hábitat

A René le gustan las casas en construcción: su mirada recorta escenas de hombres trabajando, fratacho en mano. Se detiene en la belleza de esas imágenes cotidianas y la plasma en la tela. En sus cuadros se pueden ver a obreros detenidos en su tarea, concentrados; otros son retratos de un pequeño alto en el trabajo, una conversación, la preparación comunitaria de una comida. A René le gusta el olor a cemento húmedo, le recuerda a su infancia: a su padre enseñándole la alquimia que hace nacer, a partir de unos cuantos materiales, un muro, una casa entera.

René Peralta, es artista plástico y también integrante de la organización social “Madre Tierra”, que tiene a Morón como sede, pero extiende su trabajo por diferentes municipios de la zona Oeste del Gran Buenos Aires. A través de la imagen, él cree que se puede hacer un aporte al derecho a habitar. Hacer una diferencia social con el arte como herramienta y como fin: “Revalorizar la tarea del hombre común, el trabajo comunitario en los barrios”, cuenta René.

Construye sus obras a partir de “fragmentos de la vida cotidiana que uno observa y con los que se emociona”. Sus creaciones parten entonces de la observación, combinada con la emoción de “ver el esfuerzo por tener una casa… lo comunitario, juntarse para hacer una comida entre varios, con lo mínimo que se tiene, ser creativos”.

Habitar le remite a varias esferas de experiencia: “el espacio de una comunidad, un grupo. Y a la vez, el espacio individual, un lugar propio”. La tierra, la casa, y todas las interrelaciones que se dan entre ellas.

Poner en acto el problema de habitar

La gran casa que todos habitamos es, para Diego, la ciudad industrial. La Ciudad con mayúsculas, y los cordones que la envuelven. “A mí me interesa el tema del Conurbano, con su primer, segundo y tercer cordón, y la Ciudad. Porque pareciera que hay un Conurbano que queda fuera de la Ciudad. Pero en el fondo interactúa con ella.”

Diego Melero, artista multifacético -se formó en sociología, al tiempo que tomaba clases de pintura con Guillermo Kuitca- fue desarrollando el arte de la performance y las instalaciones, mezclando las artes plásticas, las ciencias sociales y su otra afición: la gimnasia y el fisicoculturismo. Desarrolla la idea de habitar desde su conceptualización: “implica, por empezar, un concepto que tiene que ver con algo espacial: vivir en un lugar determinado. Pero también temporal. Cómo es que podemos vivir en un lugar determinado por un tiempo determinado. Y cómo nos desarrollamos como seres sociales, cómo las comunidades van interaccionando. Entonces implica algo estático, y algo más dinámico”. En ese contexto, nos podemos replantear qué tipo de ciudad queremos.

Durante su performance, Diego, monologa enérgico, expresa sus ideas y su visión crítica sobre los modos de habitar la ciudad industrializada. Muestra las múltiples relaciones entre el espacio y las condiciones económicas y sociales que lo configuran. Se desplaza por el espacio y todos lo seguimos en procesión, escuchando atentos. Va pintando en grandes afiches blancos, con gruesos trazos de pintura negra, un cuadro sinóptico en el que sintetiza lo expuesto.

La piel que habito: una arquitectura del deseo

Cuando hablamos de habitar, Fabiana Barreda se desplaza por varios universos conceptuales. Su formación original es la psicología, y a lo largo de su trabajo artístico va cruzando temas de arquitectura, arte y psicología. En la muestra presenta series de obras relacionadas a lo que llama “arquitectura utópica” y “arquitectura del deseo: el cuerpo, cuerpo femenino, el cuerpo como casa, la mujer-casa. Lo que nosotros sentimos cuando queremos construir nuestro hogar, que va desde lo físico, desde nuestras emociones, de cómo podemos apropiarnos de nuestros sentimientos cuando estamos en un espacio”. En tal sentido, explica, citando a Gastón Bachelard, que “el espacio va desde la casa materna, primer hogar, los hoteles cuando viajamos, los espacios universitarios. Cuando el lugar se transforma en espacio psicológico de la persona. El primer espacio psicológico es el cuerpo, el segundo el hábitat, el tercero la sociedad, la cultura, el planeta. En ese contexto habitar para mí es una arquitectura emocional por un lado, y a su vez una arquitectura social. Si nosotros hacemos un cruce entre esos dos ejes, vamos a poder construir al sujeto en esos dos registros. Cómo puede lograr habitar su espacio propio, su cuerpo, sus emociones, su hábitat, y a su vez cómo el colectivo puede pensar en función de ese modelo de sujeto, un nuevo hábitat”. Concibe a la arquitectura como “una disciplina que reflexiona sobre las condiciones sociales y a la vez esa metáfora nos permite observar el presente, proyectar hacia el futuro y tener una visión crítica y a la vez transformadora”, y al arte contemporáneo como una herramienta capaz de “crear nuevos imaginarios con respecto a la posibilidad de construir un proyecto espacial dentro de una sociedad”.

Además, trabaja con un nuevo imaginario femenino, “la mujer-casa: el erotismo de la mujer en el hogar, la transformación de los arquetipos femeninos”. En este sentido, a través de su obra, intenta “cruzar diferentes ejes que nos ayuden a superar prejuicios, romper barreras, a derribar la doble moral. Nuestra arquitectura emocional es la forma de pensar los espacios, de pensar lo social, y construir nuevos modelos”.

Por último, resalta la importancia de la Universidad, y su interés por exponer en este contexto: “la transformación ideológica, espacial y arquitectónica que genera una Universidad en un contexto es clave, porque para mí el conocimiento es político: libera y crea nuevas condiciones sociales. Entonces, me encantaría que nuestras obras sean parte de ese aparato de conocimiento, porque el arte es un modo de producción de conocimiento”.

Las casas y las cosas

Ana salió a pasear, un domingo a la tarde, por las calles de la Ciudad de Buenos Aires con sus cosas a cuestas. Ella pedaleando, los muebles y objetos enganchados a la bicicleta, en una casa rodante armada con las mismas cosas. La burocracia inmobiliaria le impidió establecerse en un hogar fijo durante un año y fue pasando por casas de amigos y familiares, con su hija Rocío y un par de valijas con ropa, una computadora. El resto quedó archivado en un galpón, a la espera de la solución habitacional.

Ante la falta de hogar, y luego, ante la falta de espacio para sus viejos y queridos muebles en la nueva casa, Ana Gallardo se armó un lugar propio y salió a andar en él y con él. Transformó tales obstáculos en una obra artística a la que llamó “Casa rodante” (2007), que fue objeto y fue también un video-arte en el que registró el “paseo”. Hizo del desamparo creación y de la nostalgia por verse obligada a desechar sus cosas, un objeto artístico que le permitió conservarlas y, a la vez, conservarse.

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Recorremos la muestra, observamos las obras, disfrutamos del placer estético de ser partícipes de un círculo artístico que inicia con la creación, y se completa con nuestras miradas. Las producciones de cada artista individual se vinculan y se reúnen bajo el concepto de habitar, que también interpela al observador como individuo y como integrante de grupos sociales. Nos deja preguntas acerca de cómo nos relacionamos con el espacio, cómo construimos nuestros lugares propios, cuánto los cuidamos y nos enraizamos en ellos. Y a su vez, cómo el hábitat, en todos sus niveles -cuerpo, casa, comunidad, aire y tierra- nos construye, nos cobija y nos da todo lo que tiene para dar.

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