Revista Brote – Experiencia cineclub. La mirada compartida

Por Carolina Amarilla
Foto: Sofía Santángelo

Entrevista a Emilio Baena

El término cineclub, tal como se lo conoce hoy, apareció a principios del siglo XX en Francia con el surgimiento del movimiento llamado “impresionismo fílmico” liderado por el director, guionista y crítico de cine Louis Delluc. En 1920 publican la revista “Le Journal du cineclub”, la cual se caracterizó por poner el foco de atención en la observación crítica sobre las cuestiones artísticas y no en la historia del film. Desde su publicación, se criticaba a las productoras y distribuidoras de cine de la época y, a partir del análisis de la producción cinematográfica del momento, se debatía sobre la calidad y sobre nuevos modos de aprendizaje acerca del lenguaje audiovisual.

En nuestro país, funcionó el Cine-Club en la provincia de Buenos Aires entre 1929 y 1931 dentro de la Asociación Amigos del Arte. Fue el primero de la Argentina que inauguró la tradición porteña de hacer accesibles películas que quedan fuera de los circuitos comerciales. Este cineclub, reconocía al cine como un arte autónomo y consideraba que las películas ameritaban un estudio y un debate, en una época en que no había escuelas de cine ni era tema académico.

Hoy por hoy, los cineclubes se originan con distintos objetivos: en ocasiones con la necesidad de conocer la historia y evolución del cine, para propiciar la reflexión sobre las películas, o con el objetivo de compartir y hacer accesibles películas que no llegan por vías comerciales. En esta oportunidad, nos centraremos en un cineclub que hace once años funciona en el conurbano bonaerense dentro del espacio cultural La Lupa (San Miguel), todos los viernes por la noche, a cargo de Emilio Baena, con una intencionalidad y objetivo claro: el ejercicio de la reflexión.
El proyecto de armar un cineclub, cuenta Emilio, se gestó a partir de reuniones periódicas con un grupo de amigos con los que discutían diversos temas, en ocasiones con la participación de académicos de distintas disciplinas. Luego de un par de años, el cine se convirtió en una herramienta fundamental para el debate.
El hecho de ver una película con un grupo de personas y luego compartir las distintas lecturas y/o apreciaciones, nos cuenta Emilio, es enriquecedor, ya que cada uno se re-apropia de la película y termina creando una nueva: “la peli termina siendo la que uno se arma en la cabeza, ya que una vez que el director la muestra al mundo, ya no es más de él. En este sentido el receptor se convierte en productor, cada persona percibe de manera distinta y estas distintas miradas se comparten entre todos; esta modalidad de ver cine se diferencia con el solo hecho de ir a una sala de cine y consumir una película con el fin último de entretenernos por un rato”, relata Emilio.

En el cineclub de La Lupa son los espectadores los que deciden entre todos la película que se va a proyectar en la función siguiente. No funciona con la modalidad de ciclo de cine en base a la carrera de un director o una temática en particular y tampoco hay un criterio establecido para la elección. Solo hay una condición: que no responda a la “receta” de cómo hacer una película con el fin de llenar las salas y batir récords en las recaudaciones; en otras palabras que no sea una película “pochoclera” de las que tanto abundan en la industria del entretenimiento. Este tipo de películas denominadas “pochocleras” tienen, según sostiene Emilio, la capacidad de ejercer una suerte de restricción cultural impuesta por las modas y el consumo del momento. La oferta de los circuitos comerciales es acotada, no tanto en la cantidad sino en la diversidad de producciones y esto limita la posibilidad de ver otra cosa que no se ajuste a los parámetros establecidos por esa receta industrial.

El objetivo clave de este cineclub, explica Emilio, es el ejercicio de una actitud reflexiva por parte del receptor: “reflexionando a lo mejor podemos cambiar el mundo”, opina Emilio. Aunque suene un tanto idealista y hasta utópico poder lograr dicho objetivo – sobre todo por el hecho de que, hoy en día, si queremos ver una película basta con tener a mano una PC con acceso a internet o acercarnos al puesto callejero de dvd’s más cercano, lo cual, dificulta el funcionamiento de espacios como este – Emilio elige intentarlo sabiendo que es, al menos, un lugar desde el cual empezar y a través del cine porque “es un lenguaje práctico para ponerlo en funcionamiento como herramienta para este fin”. Para lograr una actitud reflexiva es necesario que el cineclub no sea un espacio donde se “baje línea”, y que tanto las pelis que se proyectan como el público que las observa sea diverso. Si armas un cineclub con la intención de “bajar línea” entonces, sostiene Emilio, no es un cineclub.

  • La Lupa es un espacio cultural que funciona desde el año 2005, se ubica en el centro de San Miguel en la calle Sargento Cabral al 667.
  • Todos los viernes por la noche hay cineclub con bono contribución.
  • La recepción es a las 21.00 hs. y el comienzo de función a las 21.30hs.
  • Luego de la función – empanadas de por medio- se comparten las apreciaciones de la película.
  • Facebook: La lupa multid
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