Resistencia FLIA

Por José Luis Albornoz

En abril se realizó la novena edición de la Feria del Libro Independiente y Autogestionada (FLIA) en Floresta. Entre libros y música de fondo, tuvimos una charla con tres de sus organizadores para saber más de esta movida autogestionada.
En medio de un mercado editorial que tiende al oligopolio, casi la totalidad de la producción y la circulación de los libros están concentradas en tres grandes grupos o empresas multinacionales: Grupo Santillana, Grupo Planeta y Grupo Penguin Random House. Cada uno de esos grupos tiene diferentes marcas, algunas más conocidas y otras no tanto, pero que se despliegan en las vidrieras de las librerías. Solo a modo de ejemplo nombro algunas; el Grupo Planeta sale al mercado con la marca Seix Barral, Ariel, Minotauro, etc. Santillana posee Aguilar, Taurus, Salamandra, etc. Penguin se muestra en las librerías con la marca Alfaguara, entre otras. Tenemos diversidad de marcas, pero no de editoriales. Solo tres grupos concentran el 70% de la variedad de las publicaciones y lo peor: son grupos económicos multinacionales.
Con las grandes cadenas de librerías sucede algo similar; años atrás comenzaron a oligopolizar el mercado. Las más grandes, que al mismo tiempo tienen sus propias redes de distribución, son Yenny (con 46 sucursales), Cúspide, Distal y la Boutique del libro. Poner un libro o una publicación independiente en uno de esos lugares suele ser imposible respecto a costos y si se logra poner a la venta no estarán en las vidrieras ya que ese lugar está reservado a las grandes marcas. Puede que estén en algún stand o en el peor de los casos, que nunca salgan del depósito. Un fiel reflejo de este panorama es la Feria Internacional del Libro que se desarrolla en La Rural entre abril y mayo. Los lugares más privilegiados son para los grandes grupos editoriales, luego tenemos stands de editoriales medianas y una pequeña porción que administra el Estado donde se le da el espacio para publicaciones chicas que no pueden pagar un espacio en la feria.
En medio de este panorama surgen grietas y existen espacios de resistencias donde la actividad independiente y autogestionada da pelea. En esas grietas se mueve la FLIA (Feria del Libro Independiente y Autogestionada). El sábado 11 y domingo 12 de abril se realizó la FLIA en el Corralón de Floresta (Av. Gaona 4660). Tuve la posibilidad de charlar con tres de sus organizadores: Angie Moran, Matías Reck y Juan Fernando Moreno Rey, quienes me contaron de qué va la Feria, su historia y su espíritu.

De su origen en la Contraferia hasta la actualidad en Floresta

En el 2006 se realizó la primer edición de la FLIA tal cual la conocemos hoy en día. Hay un antecedente previo: la Contraferia que se realizó a fines de los noventa. Por ese entonces un grupo de poetas de un espacio llamado “Maldita Ginebra” deciden plantarse contra algunos valores que consideraban negativos en la Feria del Libro de la Rural. Así inauguraron la Contraferia del Libro, un stand rudimentario armado en el Parque Thays en Recoleta. Su petitorio se basaba sobre tres ejes: entrada libre y gratuita para todos los visitantes, que los escritores menos difundidos tengan un espacio visible en los pabellones donde lo suelen acaparar las megaeditoriales y un lugar más grande para pequeñas publicaciones. Ese fue el puntapié de la FLIA, aunque hoy ya se abandonó esa idea de “estar en contra de algo, sino que ahora hacemos nuestra propia feria, nuestro propio circuito y eso transmite la FLIA” Explica Angie.
Desde esa primer edición la feria no paró de crecer; continua Angie: “se empieza a correr la voz, que está la FLIA, porque en ese momento no había ni Facebook ni plata para hacer folletería, nada. Surgieron más revistas independientes, fanzines, editores autogestionados. Se fue expandiendo, participaba alguien, le encantaba la movida y se la llevaba a su localidad o provincia.”. Por año se realizan en promedio tres FLIAs en diferentes lugares ya sea de Capital Federal o en las provincias. En la pasada edición de abril trabajaron 15 personas activamente en la organización, después algunos se iban sumando o bajando sobre la marcha, pero ya a fines del año pasado comenzaron a reunirse en post de este evento.
De aquellos primeros propulsores de principio de los 2000 quedan muy pocos trabajando hoy en día pero eso también es el alma de la feria: el compromiso de quienes participaron alguna vez ya sea del lado de vendedor o de público ocasional al que “le gusto y se incorporó a trabajar en la organización” explica Juan Moreno Rey. Este recambio sostiene viva la FLIA y la hace crecer: “Las dos FLIAS más grande que se hicieron fueron una en Sociales, en el estacionamiento en el 2009 hubo 250 puestos y como 2000 personas y la otra más grande fue en el 2011 en el IMPA –Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina, fue gigante.” Recuerda Angie.
Para valorar aún más estos espacios de expresión y contacto tenemos que volver a la parte más oscura de nuestra historia: los años 70. La dictadura trajo persecución, desaparición y muerte para escritores, editores e intelectuales. Entre los que se destacan Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, editores como Daniel Divinsky (Ediciones De La Flor), etc.. La producción editorial alcanzó niveles bajísimos y la huida de muchos escritores.
Hoy, después de haber transitado un largo camino de democracia, los números son otros. Tomemos el Tercer informe sobre el sector de las revistas independientes y autogestionadas en la Argentina realizado en diciembre del 2014 por ARECIA (Asociación de Revistas Culturales Independientes de la Argentina). En ese informe podemos ver una mayor visibilización y organización del sector: el número de revistas registradas en la asociación creció cerca de un 25 por ciento, pasando de las 166 en 2013 a las 213 censadas en 2014. Mientras que según los registros del Ministerio de Cultura el número de revistas es aún mayor: 322 en todo el país. También otro dato que revela el informe es que el universo de las revistas culturales se aleja de la concentración porteña. Solo el 39,6 por ciento están radicadas en Ciudad de Buenos Aires, mientras que el 60 por ciento llegan con las voces de otros rincones del país. El 13, 4 pertenecen al Conurbano; 8 por ciento a La Plata; 7,6 por ciento al resto del territorio bonaerense; 6,7 por ciento a Córdoba; 4,6 por ciento Santa Fe. Otras publicaciones florecen en las regiones Norte (7 por ciento), Cuyo (6,2), Patagonia (3,3) y Mesopotamia y NEA (3,8). Por eso, desde 2013, ARECIA comenzó a organizarse en todo el país a través de sus nodos en Córdoba, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Misiones, Patagonia, Tucumán. Y otros nacientes en Rosario, Entre Ríos y región Norte. Sintetizando: tenemos por un lado una industria del libro donde multinacionales tienden a oligopolizar el mercado y las cadenas de distribución y por otro, cada vez más se articula un circuito paralelo, donde todos los que no tienen su espacio (ya sea por decisión propia o por la exclusión misma del sistema) en este circuito comercial afianzan vínculos y buscan medios gráficos o Web para publicar. Juan Rey enfatiza en esa idea: “En la FLIA todos esos actores tienen su espacio. No se busca un perfil determinado, conviven publicaciones más científicas, con un fanzine, editoriales caras, de todo”. Para Angie, aquella Contraferia y luego la FLIA fueron el puntapié para el desarrollo de otras ferias y espacios con el mismo espíritu: “La madre de todas las ferias que se formaron después es la FLIA, como feria alternativa a La Rural. La FILBA es un ejemplo, El Encuentro de la Palabra de Tecnópolis, tiene la misma idea de la Contraferia; generar un espacio contra el Mercado, contra la tradicional Feria del Libro de la Rural. La idea es la misma, pero depende quién lo organice tiene sus características. “

¿Cómo entra el Mercado en la FLIA?

Juan Rey, encargado de la parte técnica y sonido en esta edición de la feria nos responde: “la FLIA como feria es puramente económica, personas que van a vender y personas a comprar. Sigue la lógica del Mercado, pero agrega un elemento que es el del trueque. Se cambian libros. Lo que se agrega es el contenido de charlas, música y teatro que hacen a su conjunto. Pero lo más destacable y en lo que más se diferencia la FLIA de la tradicional feria del libro es ese espacio que nosotros le damos a las editoriales y publicaciones independientes que en la otra feria no podrían tener un stand ni juntándose entre 20.”
Matías Reck es uno de los “históricos” que están desde los años iniciales en la feria. Vivió los cambios y el crecimiento de la FLIA año tras año. Al consultarle por el mercado editorial y la industria del libro nos dijo lo siguiente: “Hay dos utopías que conviven en la sociedad: el comunismo y el libre mercado. La FLIA puede estar por momentos más cerca del comunismo pero también plantea una estructura de feria, y feria es mercado. Es lo mismo que ir al Shopping del Abasto a comprar libros, pero en el Shopping está más el capitalismo salvaje, en la FLIA no hay marketing, publicidad, ni nada. La FLIA produce sentidos y un montón de cosas.” Juan Rey agrega:“Tanto el Shopping del Abasto como la FLIA generan cultura, el primero es la cultura del consumo, del vaciamiento de sentido y por otro lado en la FLIA la cultura es un juego que está puesto en escena donde se interactúa con los mismos agentes productores, ser uno mismo un agente de cultura.“
“No estamos contra el mercado –continúa Matías-, no estamos contra el Grupo Clarín. No estamos contra nadie, la verdad. Yo por lo menos lo siento así. Me parece que tenemos una producción propia del nivel de quien quieras.”

Lo que vimos en esta última FLIA

En el noveno año de su creación la FLIA eligió el Corralón de Floresta para esta última edición. La elección tuvo una lógica nos explica Angie: “Se decidió hacer ahí porque este espacio se mantiene como una resistencia cultural, donde conviven un par de grupos que están luchando por mantener la cultura en el barrio, en los galpones se dan charlas, bibliotecas, hay grupos de investigación, hay una radio, una murga.” “El corralón es un lugar en disputa y la FLIA es una actividad que va a ayudar a visibilizar ese espacio. Estar ahí es una decisión política por parte de la organización de la FLIA.” Agrega Juan.
La idea del espacio público es central para la feria: “Recuperar los espacios públicos es central. La FLIA interviene en la ciudad con ideas, con palabras. En la Ciudad confluyen principalmente tres actores: el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil. Esos actores conviven en la FLIA. En una plaza interviene, en un espacio que es de todos, pero muchas veces ese todos son algunos, y esos algunos son los que en este momento gobiernan. La FLIA al intervenir en el espacio público está subsidiando al Estado, es la sociedad civil la que está generando actividades culturales que debería garantizar el Estado. ¿La FLIA es legal?, No. No hay ningún papel que sustente esto. No hay un permiso. No hay un contrato. Es legal no, es legítima sí. La FLIA tiene ese desafío también; identificar a los actores sociales que conviven en una ciudad.” Explica Matías Reck.
Ese finde de la Feria (11 y 12 de abril) el Corralón de Floresta explotó; se apropio el espacio y la gente acompañó ambos días. De fondo mientras caminabas entre los puestos se escuchaba la radio que transmitía en vivo, hubo poesía oral, teatro abierto, talleres, bandas y conferencias. Fue una fiesta del libro, un modo de mostrar que cultura hay en todos lados y nadie la puede monopolizar.
Viva la FLIA, vivan los espacios de encuentro entre productores, editores y el público. Cultura tenemos todos y todos tenemos el derecho a expresarla, el Mercado no lo entiende así y nunca lo va hacer, entonces la sociedad civil debe forzar estos espacios. Algunas veces con ayuda del Estado, otras no. Por muchas más FLIAs, por un Mercado más plural y un Estado más inclusivo.

Fotos tomadas por José Luis Albornoz.
Muchas gracias a la organización de la FLIA.

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