Pasatiempos de ayer y hoy

Por Carolina Amarilla

El sábado anduve por Parque Rivadavia, fui a retirar un libro que compre por internet, el día estaba lluvioso, bastante feo como para dar un paseo, sin embargo había gente, algunos con el mate y otros dando vueltas con su perro. En una de las esquinas del parque me llamó la atención una concentración de gente, alrededor de unas 50 personas amontonadas, algunas hablando entre sí, otros con la mirada atenta a su alrededor. En la lejanía pensé que era una zona libre de wi-fi (?) pero cuando me acerqué vi que varias personas estaban con un papel en la mano, una especie de grilla con algunos números tachados y otros no. Pero había algo más: figuritas…

Por el mes y año en el que estamos, algunos podrán imaginar a qué figuritas me refiero y cuál es el álbum que se intenta llenar: “Álbum Panini Mundial Rusia 2018” en realidad a mí ni se me cruzó por la cabeza ese suceso -lo malo de no tener cable es no poder ver las placas de Crónica contabilizando los días que restan para el Mundial- en fin, mi asombro fue similar al que siento cuando abro la factura del gas y de la luz (aunque eso en realidad no es asombro, sino pánico).

Los que participaban de ese intercambio en el parque eran en su mayoría hombres de entre 30 y 40 años, acompañados de menores, supongo, sus hijos. El entusiasmo por encontrar “las figus que faltan” era sin dudas más notorio en los rostros de los adultos que de los niños, seguramente más de un padre fue al encuentro para “acompañar” a sus hijos pero me parece que la cosa era al revés, como cuando vas al cine a ver una peli “para chicos” y pedís prestados sobrinos ajenos para no pasarla tan mal en la fila. Pero no descarto que coleccionar y llenar álbumes es una práctica que se transmite de generación en generación. Por supuesto nada es producto del azar, todas esas personas no estaban allí de casualidad, resulta que investigue en “feisbut”- todo muy serio- y hay una serie de grupos organizados y una fanpage “Intercambio Figuritas Panini Mundial Rusia 2018 Argentina” (cada país tiene su página, incluso los hermanos bolivianos que no participan de un Mundial desde el ’94 #datodecolor) encargada de la convocatoria a la cita de intercambio, en su mayoría por la zona de Caba y alrededores.

Pasado el fin de semana, compartí el episodio con mis compañeros de trabajo y resulta que a sus hijos, entre 7 y 12 años, les encanta llenar álbumes y no dejan pasar un día sin pedir el sobrecito prometido de figuritas diario, el álbum del Mundial no es la excepción. Toda esa situación me hizo recordar la satisfacción que me producía de chica completar un álbum, satisfacción que duraba unos… ¿diez minutos? hasta que mi foco de atención pasaba a otra cosa. También recordé la cantidad de veces que uno iba al quiosco del barrio o a todos los quioscos que pudiese para conseguir “la que faltaba”, y el paquete de cinco figuritas que traía tres repetidas o las mismas que el paquete anterior, ojala hubiese existido feisbut en esas épocas…

Me sorprendió de forma positiva que hoy por hoy, con el uso excesivo de tecnología – los más chicos se crían con una pantalla en sus manos y hasta manejan aplicaciones mejor que uno- pasatiempos como éste, de la era analógica, sigan tan vigentes. A raíz de este episodio me puse un poco al día y resulta que los más chicos también juegan a la bolita en el recreo y a dar vuelta cartas/figuritas, me dicen por cucaracha que se ese juego se llama “tapadita” que tiene una técnica para ser un capo en eso. En fin, si a nadie le asombra al menos un poquito que hoy se sigan llenando álbumes, y se generé todo una movida/logística en torno a eso entonces marche un F5 para mí y esta pseudo nota se autodestruirá luego de finalizada su lectura.

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