Orquestas y coros juveniles de la UNGS

Por Alejandra García

La UNGS se incorporó el año pasado al programa “Orquestas y coros juveniles para el bicentenario”, un ambicioso programa de formación y puesta en marcha de orquestas infantiles y juveniles que el Ministerio de Educación viene implementando en todo el territorio nacional. Lo hizo poniendo a funcionar dos orquestas en sendas escuelas secundarias públicas de la región, la “Domingo Faustino Sarmiento”, de San Miguel, y la “Adolfo Sourdeaux”, de Bella Vista.
Dentro de sus objetivos prioritarios, el programa se propone favorecer el acceso de todos los niños y jóvenes a un bien cultural de primer orden mediante el fortalecimiento de la enseñanza musical en las escuelas y la puesta a disposición de los chicos de los instrumentos que aprenden a tocar. De hecho, el programa contempla la posibilidad de que se lleven el instrumento a su casa y lo vuelvan a llevar a la escuela para las clases de ejecución y notación musical, que se dictan en la semana por fuera del horario escolar. Y los sábados por la mañana, los integrantes de la orquesta se reúnen en la escuela para ensayar en conjunto. El ingreso no se restringe a los alumnos de las sedes educativas, sino que es abierto a los niños y jóvenes de la comunidad.
Esta política educativa responde en buena medida a las problemáticas culturales abordadas en los debates que tienen lugar en los distintos foros regionales sobre la materia.
De hecho, la UNESCO, en su Declaración universal para la diversidad cultural señala que las políticas culturales deben encarar acciones concretas para garantizar la igualdad de oportunidades de participar en la vida cultural. La prioridad deberá otorgarse a las medidas tendientes a mejorar las posibilidades de participación de aquellos que pertenecen a los grupos minoritarios u ocupan un lugar desfavorecido en la sociedad.
Por su parte, Víctor Vich sostiene que la cultura es un camino para la transformación social, alejándola de los debates estrictamente culturalistas e involucrándola con el cambio social, promoviendo la articulación entre cultura, democracia y ciudadanía. En su enfoque, Vich propone que una política cultural puede apuntar a la deconstrucción de los imaginarios hegemónicos, es decir, al intento por intervenir en aquellos sentidos comunes que se encuentran hondamente afianzados en los hábitus sociales.
En tanto los derechos culturales son parte de los derechos humanos le corresponde al Estado garantizar la igualdad de oportunidades a todos. Esta garantía no se restringe sólo al acceso a la cultura, sino también a la propia producción cultural, y en este sentido, el programa de orquestas y coros juveniles está interviniendo de manera decisiva en el desarrollo y producción musical de quienes se consoliden como los futuros artistas locales, con una identidad propia.
El carácter formativo que tiene el programa que se lleva en nuestro país, se aleja del enfoque meritocrático con el cual se implementa en otros países de la región. El modelo argentino se propone la promoción del derecho a la formación artística, en este caso, musical, para todos aquellos que tengan interés en descubrirla y no está cerrada a quienes acrediten un talento en especial. Al respecto, Gabriela Diker, rectora de la UNGS, señaló que “la retórica del talento va en contra de la retórica del derecho”, en una frase que se ajusta perfectamente a la concepción de la cultura como integrante del lote de los bienes públicos como la salud, la educación, la seguridad y el bienestar social.
En este sentido, Ticio Escobar sostiene que una política cultural debe “asumir su compromiso tanto con la producción como con el consumo de bienes simbólicos. Democratizar la cultura es crear condiciones efectivas para que los diferentes sectores participen de todo el proceso cultural según el peso de sus diferentes memorias y el ritmo de sus proyectos distintos. Esta tarea implica la necesidad, ya señalada, de promover el afianzamiento sectorial y la consolidación de los espacios diferentes. Ubicada de cara a sectores autoafirmados, las políticas culturales ya no deberán discutir desde afuera el componente “producido” o “apropiado” por cada cultura; cada una de ellas decidirá qué generar y qué recrear de acuerdo a los requerimientos de sus historias propias”.
Oscar Peretto, responsable de área de música del Centro Cultural de la UNGS, destaca la sociabilidad que se genera en torno a las orquestas, fundamental para los chicos: sus padres los acompañan y se integran, produciendo un efecto multiplicador en la comunidad. El área de música, a cargo de Peretto, implementó un coro de adolescentes en la escuela media del barrio Sarmiento y otro de niños en la escuela primaria del barrio Barrufaldi (ambas en el partido de San Miguel). Esta última recibe chicos del asentamiento ubicado en los márgenes del río Reconquista, razón por la cual muchos padres de la zona no quieren anotar a sus chicos allí. Peretto espera que la puesta en marcha del coro, con su ingreso abierto a la comunidad, logre aventar los prejuicios y la discriminación.
El Centro Cultural de la UNGS prevé para este año la articulación del Programa con las demás actividades que se desarrollan en ese ámbito, entre las cuales vale la pena señalar la incorporación del bandoneón, que ya se enseña en el CCUNGS, y, con la ayuda del Ministerio de Cultura, vincular las orquestas del bicentenario con la orquesta juvenil de tango Osvaldo Piro.
El programa se propone, además, generar la posibilidad de pensar en una posterior formación de profesores en este tipo de educación musical colectiva, que además, según relata Espector, tiene un carácter distintivo en cuanto a la capacidad de los futuros docentes de manejarse con una naturalidad que permite un desempeño muy superior respecto de aquél que es producto de la clásica formación musical.
Sobre el aspecto pedagógico, Diker afirma que “la participación en las orquestas y el modo en que trabajan los maestros con los chicos los interpela desde el lugar de lo que sí pueden hacer y no como habitualmente interpela la escuela a ciertos sectores sociales, desde el lugar de lo que no podrán hacer. Esto tiene efectos en la relación del chico con un objeto cultural, muy valorado socialmente. Tiene efectos en el modo en el que él se posiciona en su relación con el conocimiento. Y eso es un efecto interesante para promover. Uno de los grandes logros del proyecto es que se basa en la confianza. Los maestros instrumentistas no son pedagogos: lo que cambia ahí no es algo así como un método innovador, sino el modo en que los chicos son interpelados, esta confianza en que van a aprender. Y en otro sentido que no es menor, confianza cuando se les dice te vas a llevar el instrumento a tu casa, vas a hacer con él lo que tengas que hacer que no es otra cosa que estudiar”.
En el desarrollo del programa colaboran, además de los maestros instrumentistas (que vienen logrando grandes resultados con chicos de entre 6 y 18 años de edad), docentes que articulan el trabajo de la Universidad y el de las escuelas, como José Albornoz y Mariela Oviedo, que además son, respectivamente, estudiante de la Licenciatura en Cultura y Lenguajes Artísticos y Licenciada en Comunicación de la UNGS.
Desde que el programa se implementó en la UNGS hasta la primera presentación en diciembre del año pasado transcurrieron sólo dos meses. “Fue una gran emoción”, señala Peretto, “ver a esos chiquitos que hacía dos meses tenían por primera vez el instrumento en la mano, tocando sin ninguna inhibición en una orquesta de 40 o 50 integrantes”. “Es una experiencia que provoca una alegría impresionante”, concuerda Diker.

Bibliografía

  • J. Teixeira Coelho (2009) Anexo 2. Política Cultural, siglo XXI, en “Diccionario crítico de Política Cultural. Barcelona, Gedisa.
  • V. Vich (2014) Desculturizar la cultura: hacia una nueva generación de gestores culturales, en “Desculturizar la cultura”. Bs. As. Siglo XXI.
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