Orquesta Sinfónica Nacional en la UNGS

Por Juan Cruz Saravia

El llegar tarde a todos lados es mi fuerte. No iba a ser de otra manera el viernes 16 de octubre, día en que la Orquesta Sinfónica Nacional se presentaba a las 21hs en el Multiespacio Cultural de la UNGS. Estaba dispuesto a llegar media hora antes para poder entrar sin apuro y elegir un lugar cerca del escenario, pero por una cosa u otra no fue así; terminé llegando sobre la hora y para mi sorpresa la fila de gente atravesaba todo el salón principal del multiespacio y se metía en una sala de exposición donde terminaba en forma de caracol. En la fila había familias con sus hijos, personas mayores, estudiantes de la universidad, vecinos del barrio, algunos docentes, en fin era un público heterogéneo y ansioso por entrar. Ya un poco pasadas las 21hs la fila comenzó a moverse, luego de dar cuatro vueltas en círculo y desarmar el caracol llegué a la entrada, agarré el programa y entré en busca de un lugar.

La sala estaba llena y los músicos de la orquesta estaban haciendo las últimas pruebas individuales, casi ochenta instrumentistas se preparaban para deleitar a los espectadores. El ruido y el caos terminaron cuando el primer violín dio la nota de referencia para que al unísono la orquesta entera se afinara. Guillermo Becerra, el director invitado, salió al escenario ovacionado. Ya estaba todo listo para comenzar.

La orquesta comenzó interpretando la obertura de I vespri siciliani (Las vísperas sicilianas) de Giuseppe Verdi, gran compositor Italiano del siglo XIX afamado por sus óperas. El comienzo lento y con bajo volumen de esta pieza preparó al público para que se sorprenda con los vientos y la precaución a toda marcha del final. Luego de los aplausos, Becerra, cosa que hizo con cada una de las piezas que la orquesta interpretó, comentó acerca de la obra y su compositor. Luego fue el turno del preludio de Los maestros cantores de Núremberg de Richard Wagner, brillante compositor alemán del siglo XIX con las óperas más largas que se hayan compuesto, también conocido por ser amigo de Nietzsche. Esta pieza de gran energía fue seguida del Danzón n°2, obra con ritmo centroamericano, de Arturo Márquez, un compositor mexicano contemporáneo.

La segunda parte comenzó con la obertura de La gran pascua Rusa de Nikolai Rimsky-Korsakov, compositor y pedagogo ruso del siglo XIX. Fue el momento más difícil de la noche, la pieza lenta y tediosa fue gran generadora de bostezos, pero también puso en evidencia la impecable acústica del Multiespacio, uno podía escuchar el violín con volumen diminuto a treinta metros y a la vez escuchar la respiración de la persona que se tenía sentada al lado. Por último volvimos a Buenos Aires. Era el turno de Decarísimo y Fuga y misterio dos obras del genial compositor marplatense Ástor Piazzolla.

El último golpe de Fuga y misterio desató una catarata de aplausos y silbidos, todos de pie, el público, la orquesta, todos. Becerra saludó y se retiró, pero los espectadores aclamaban el clásico y tradicional bis, el director volvió y pidió de la colaboración de la gente y sus palmas. La Marcha Radetzky de Johann Strauss cerró el concierto, fue interpretado por la orquesta y un enérgico público.

La orquesta se retiró y la salida fue rápida y ordenada, ya eran las 23hs y faltaban cinco minutos para que el próximo colectivo de la línea 440 pasara frente a la UNGS. Tenía tiempo de sobra y camino a la parada pensaba en lo grande de lo acontecido, el Multiespacio Cultural de la UNGS con su grupo de trabajo y la Orquesta Sinfónica Nacional trajeron al conurbano aquella música considerada por algunos de elite. La disfrutamos gratuitamente y en una sala de primer nivel.

El primer colectivo de la línea 440 llegó recién a las 23:45…el llegar tarde también es su fuerte.

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