Opción A: Autogestión

Por Oriana Racciatti

El arte es una cuestión de fe

En el marco de un 2015 en el que nos vemos atravesados por la gestión y la autogestión de los actores de la danza en pos de una “Ley Nacional de Danza” y de un “Sindicato de Bailarines y Coreógrafos Argentinos” surge la siguiente inquietud: ¿Qué tipo de relación guarda el artista con esta práctica?
Frente a la realidad con la que convivimos, este tipo de prácticas ha contribuido económicamente con muchos proyectos, particularmente dentro de la disciplina que nos ocupa. Existe una estrecha vinculación con la producción y creación artística, que muchas veces se relaciona no solo con el público destinatario, sino también con el contexto.
El término gestión cultural podría definirse como el conjunto de estrategias que se desarrollan para facilitar el acceso de la sociedad al patrimonio cultural. Esa difícil tarea que existe entre la política cultural y la población receptora. Esas acciones se despliegan a partir de un análisis de los escenarios y posibles opciones. Generalmente desarrollada por gestores culturales que pueden ser personas u organizaciones del sector público, privado o asociativo.
Para poder responder la pregunta inicial tomamos la palabra del estimado coreógrafo y director teatral, Ricky Pashkus. Una palabra mayor dentro del ámbito en cuestión, quien con gusto nos brindó la posibilidad de conversar y reflexionar sobre qué está pasando en la actualidad.
Docente, coreógrafo y director. Nacido en la provincia de Buenos Aires, elegido recientemente como “Personalidad Destacada de la Cultura” de la Ciudad de Buenos Aires (2014). Desde 1983 se dedica a la formación de bailarines en Comedia Musical y Composición Coreográfica. Tiene dos estudios, uno junto a Julio Chávez y otro junto a Julio Bocca. Trabajó con Hugo Midón y Pepe Cibrián Campoy, Lino Patalano, entre tantos otros.
Pashkus celebra el movimiento que se está sucediendo en el seno del arte de la danza, ya que hoy en día la falta de reglamentación está tendiendo a dejar atrás proyectos que se ven obstaculizados en el camino artístico. Augura por estímulo y protección que garanticen condiciones de vida que permitan que todos aquellos profesionales de la disciplina envejezcan en paz y viviendo dignamente.
El director de comedia musical nos cuenta que por la realidad económica de nuestro país hay menos encargos y justamente esto trae aparejado que cada artista deba gestionar su economía prescindiendo de cualquier productor. De hecho la mayoría de las compañías Argentinas, exceptuando el Teatro Colón, el Teatro San Martín, los Ballet Estable de las Provincias y algún que otro, son todos independientes. Esto hace que muchas de ellas no perduren o que sus espectáculos no lleguen a estar en cartel, es decir, padecen la dificultad de que no haya ni una ley ni sindicato que los proteja.
Sin embargo Ricky agrega: “los artistas pueden como cualquiera, valerse de sus ingresos. Ya que desde los malabaristas de las plazas hasta actores prestigiosos generan un ingreso. Suponer que los artistas ganan menos que los taxistas o los médicos, es seguir con la imagen del artista como pobrecito”. Continua: “Un problema distinto son aquellos artistas que se excusan diciendo que no pueden vivir de lo que aman, por eso hacen otra cosa. Porque para vivir de lo que amamos hay que entregarse y ser específico, único, perseverante y talentoso. Ya que si solo alcanzara con amar lo que hacemos todo sería muy sencillo”. De hecho la ley no hará que los que no trabajan, trabajen sino que acompañará el desarrollo profesional de todos los implicados en el arte.
Retomando la inquietud inicial ¿Qué tipo de relación guarda el artista con la gestión? Pashkus afirma que es difícil reconocer el punto o frontera entre la gestión y el arte. Ya que está en el artista obrar para poder expresarse y junto a eso buscar los medios para visibilizarlo. “Es evidente que la gestión ocupa tiempo, esfuerzo y que contiene reglas, pero no hay mejor alternativa que aprender trabajando. La vocación y la gestión son una sola cosa”. De hecho en un estado de las redes sociales comentaba que la “Autogestión” de ninguna forma debe ser una opción #B por si no nos convocan sino es la opción #A por si lo hacen, poder elegir.
Es interesante poder visibilizar la actitud que desarrollan los artistas en esta era. La gestión o “autogestión” no empezó ayer y tampoco terminará mañana. Es una forma de enfrentar y entregarse a la cultura en una realidad tan compleja como en la que transitamos. Es la única manera de concretar proyectos sin esperar la solidaridad de ningún tipo de productor.
Este tipo de simbiosis entre la gratificación que le produce al artista concretar su proyecto y la posibilidad de acceso a la cultura a otro tipo de público (los que apoyan y acompañan las producciones independientes) muestra la relación que guardan entre sí.
El arte por el arte es una frase vacía. El arte por vocación, hecho expresión y trabajo es lo que llamo pasión. La cultura necesita de artistas que luchen por no dejarla morir. El arte es una cuestión de fe, que solo perdura en quien se permite creer.

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