Mitin industrial o cómo hacer arte desde el sistema

Por Sol Severina

“En todas las artes hay una parte física que no puede ser tratada como antaño, que no puede sustraerse a la acometividad del conocimiento y la fuerza modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son, desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando quizás hasta modificar de una manera maravillosa la noción misma del arte.”
Paul Valéry, Pièces sur I`art ( La conquête de I`ubiquité).

Me tocan el timbre. Son Juan Waimberg y Sebastián Tedesco, ambos artistas y socios en un emprendimiento industrial. Fabrican recipientes de plástico. Aparecen con ellos los materiales y herramientas: banda pero banda de “tupper” apilados. Hay violetas, rojos, celestes, amarillos, verdes; más un proyector, cámaras, una agujereadora, precintos, y lo más importante y fundamental, la estrella del proyecto: el obrero. Sí, es Diego Coloma Fuentes, un joven chileno residente en Argentina, obrero y creador, con su uniforme de grafa de ese color acero típico, que en este caso es más sexy, casi un fetiche. Los hago pasar, los mimo y les preparo una alfombra roja de Sodimac para la perfo.
En el contexto de una muestra llamada “Amor y Fantasía” realizada por los artistas Juan Matías Alvarez, Natalia Cristófano y Santiago Gasquet en el espacio Militantes, fue invitado a realizar una acción performática el equipo de Secreto Meeting (Coloma Fuentes, Tedesco y Waimberg). Para comenzar a desglosar dicha acción, advierto que aquellos fundamentalistas antisistema deberán hacer un real esfuerzo para que las patitas no les hagan ¡plop!.
Ahora bien, con los prejuicios bien frizados, hablemos de un proyecto diferente, atrevido, dialéctico y de espíritu productivo. Además, es eco warrior, diría Calu Rivero mientras nos tira un guiño.
¿Qué es Secreto Meeting? En el texto de la muestra, encontramos algunas coordenadas:
“Secreto Meeting es un proyecto creado por Juan Manuel Waimberg y Sebastián Tedesco, que explora y articula, en términos prácticos, las relaciones existentes entre el arte contemporáneo, el diseño, los métodos industriales de producción, los espacios de comercialización y exhibición del arte, y los espacios de comercialización y exhibición de los productos masivos de consumo.
Los objetos generados desde Secreto Meeting muestran (o sugieren) su proceso de fabricación y concepción en forma “transparente” a través de mostrar el proceso de creación, los métodos de producción, las imágenes que los inspiran, la forma como se va construyendo su identidad, etc., en síntesis, su comportamiento creador (es decir, la cadena de posturas y gestos que componen su trabajo).”
La obra que Secreto Meeting realizó en Militantes se llama “Coso”, y aclaro a los nostálgicos que es muy distinto de aquel coso de Federico Peralta Ramos (tengo un algo adentro que se llama coso). Este “coso” es más tangible, objeto-producto de una acción en la cual un obrero de la industria plástica empleado por Waimberg y Tedesco, realiza con piezas excedentes y de descarte de la producción fabriquera: encastra piezas de colores y transparencias en repetición con una intención que suponemos poética. La obra final es el “coso”: objeto creado, más el video del proceso de construcción ejecutado por el obrero y los contratos firmados por las partes. Este conjunto que conforman la obra acabada es vendible a un precio que se calcula por medio de un contador virtual diseñado por Tedesco.
La curaduría es una quinceañera que se sonroja frente a el equipo de Secreto Meeting. Son compañeros bien distintos, que provienen de caminos y formaciones diferentes, pero dentro del proyecto tienen roles precisos. Así exploran las disciplinas visuales (hoy inseparables de las nuevas tecnologías) tanto como los límites conceptuales del arte. Estos tipos son aventureros y no tienen rollos ideológicos con el “mercado”, claro está. En este sentido, el siguiente párrafo de Brecht, no tiene desperdicio:

“Cuando una obra artística se transforma en mercancía, el concepto de obra de arte no resulta ya sostenible en cuanto a la cosa que surge. Tenemos entonces cuidadosa y prudentemente pero sin ningún miedo, que dejar de lado dicho concepto, si es que no queremos liquidar esa cosa. Hay que atravesar esa fase y sin reticencias. No se trata de una desviación gratuita del camino recto, sino que lo que en este caso ocurre con la cosa la modifica fundamentalmente y borra su pasado hasta tal punto que, si se aceptase de nuevo el antiguo concepto (y se le aceptará, por qué no?), ya no provocaría ningún recuerdo de aquella cosa que antaño designara” (Bertolt Brecht, Der Dreigroschenprozess).

Artistas/empresarios/obreros/realizadores, la performance es registrada segundo a segundo y el proceso de construcción de la obra es algo a lo que asistimos. Somos espectadores de cómo se crea su valor agregado: el enorme contador proyectado en la pared tira las cifras de la producción, costos y precios finales, cuánto dinero se genera para el artista, cuánto para la galería, cuál es salario que le pertenece al obrero por venderles su fuerza de trabajo a Waimberg y Tedesco. Mientras se registra el proceso, se firma el contrato entre las partes actuantes. Al final de la performance, sabremos el precio final de la obra y el valor agregado a ésta. Plusvalía mediante, arroja para el artista y el galerista una suma mucho más auspiciosa que para el obrero. Nadie se sorprende, nos vamos poniendo serios. Y nosotros, todos ahí, en la base material, público frente a la escena, frente a la proyección, somos testigos de la transformación de un objeto de consumo, trivial y de supermercado en una pieza lúdica y llena de color donde las transparencias hacen de la obra una joya de plástico divina. El capitalismo malvado nos seduce again y queremos tocarla, hacerla girar, saltar adentro, es un parque de diversiones o lo más parecido a un pelotero dentro de la galería. De pronto, en medio de la noche, somos veinte dementes dentro del “coso” y pogueamos la obra. Genera mucho rechazo que el obrero use uniforme, que labure un sábado, que gane dos mangos haciendo arte, aunque se tomó su birra. Justicia. Los artistas sabemos que somos básicamente pobres, o básicamente obreros. Algunos se rebelan porque el salario del obrero es una miseria loco, rompamos el “coso”, sacudamos el “coso”, hay que gastar al “coso”, gastarlo contra el piso, ese producto del trabajo de un otro convertido ahora en juguete, en objeto de ocio y diversión, ¿Será que estamos locos? bailemos con el “coso” y pensemos pavadas, en una de esas, si Marx viviera hoy usaría Visa para comprarse un “coso” con Ahora 12, o sería un coleccionista de arte contemporáneo vestido de blanco impecable, o bajaría línea por Twitter que todos llenaríamos de likes. El obrero de Secreto Meeting resulta ser un frontman, se come al público, disfruta, se siente observado y deseado. No es extraño a su producto, le encanta el laburo, porque su laburo es arte. No está actuando, su accionar es por amor, no sólo por dinero. Ironiza sobre lo que hace, nos cuenta que se quiere casar y ver Tinelli hasta quedarse dormido. Trabajo alienado, seguramente, por $65 la hora. Horror. Pero la trampa a la alienación la hacemos todos, y dormimos en el baño del laburo o usamos whatsapp a cuatro manos, esa resistencia sutil y hermosa, mecanismo de autodefensa tan genuino al mismo tiempo. Yo creo que estos tipos de Secreto Meeting lo logran, que hacen un poco lo que quieren, y si no, preguntale al obrero artista que ensambla colores y se apropia del objeto.

Secreto Meeting, en su manifiesto

La idea de construir un coso surge de la reutilización de partes de un emprendimiento industrial. Sí, industrial. La industria que contamina y consume, esa que amamos pero que odiamos.
El coso está hecho de partes modulares. Las partes modulares son recipientes plásticos. Los mismos serán ensamblados tomando la forma de un coso.
¿Que es un coso? Dado que no tenemos planos ni instrucciones acerca de la forma de un coso, poco lo podemos describir desde su aspecto formal. Solo podemos decir que un “coso” podría ser la emulación* de un proceso de producción y agregación de valor. Básicamente, al momento de escribir este texto el coso no existe.
¿El coso es trabajo? El coso no es necesariamente dinero, pero no es necesariamente trabajo. Quizás muchas catástrofes humanas pudieran ser evitadas mediante la abolición del ocio o del trabajo ¿Lo que no es ocio es trabajo?¿Entonces el trabajo es amor? ¿Y el ocio es amor? No lo sabemos. Y el amor ¿Es un trabajo?
Los realizadores del coso no tenemos las respuestas a estas preguntas. Todas las respuestas acerca del coso en términos particulares y generales están en los contratos. Los contratos están disponibles para el que los quiera ver.
¿Pero se siente amor al realizar el coso? Si, pero no tenemos ninguna fundamentación contractual, técnica ni científica para este sentimiento.

*La palabra emulación se refiere a una ambición y esfuerzo a la igualdad, hacer o ser mejor que; superación a ejemplo de otro; para competir o rivalizar con cierto grado de éxito, especialmente a través de la imitación. Es decir, imitar las acciones de otro procurando igualarlas e incluso superarlas (DRAE). También puede hacer referencia a la simulación de equipos o de los fenómenos por medios artificiales, tales como el modelado de software.

Más Información

Print Friendly, PDF & Email