Maestro

Por María del Carmen Ullua

Julio Figueredo nació el 1 de julio de 1945 y es hijo de Antonio Figueredo, un portugués que amaba a la Argentina como si fuera su patria, y de Isabel Hazaña. De pequeño Julio leía mucho ya que su padre era el presidente de la biblioteca pública de la zona y eso le daba acceso a una variada colección de libros. Producto de esto, también escribía y acusaba una fuerte imaginación.
Revista Brote se entrevistó con él para charlar de su vida, su obra como música y artista plástico y su experiencia en el taller:

¡Qué bueno tener una biblioteca toda para vos en tu infancia!
Sí, ya lo creo. Me encantaban las historias. Bueno, en realidad, leía de todo.

Sos músico, ¿cómo fueron tus comienzos con respecto a la música?
De chico tomé clases de piano pero por poco tiempo, eso no me satisfacía. En la adolescencia el hermano de un amigo que es acordeonista y tecladista y formaba parte de una orquesta -Mario Mangoni- me aconsejó que estudiara batería ya que siempre que él estaba en el piano yo emulaba que tocaba la batería con cualquier objeto: las agujas de tejer de mi madre, palitos o cacerolas.
Esta orquesta en la que estaba Mario era dirigida por Cesari, un talentoso músico. En la batería tocaba su sobrino, Rafael “junior” Cesari, un referente argentino hace pocos años desaparecido.   Mario y Cesari acordaron que yo tomara clases con él. Por ese entonces contábamos casi con la misma edad (18 años). Tiempo después pasé a formar parte de aquella orquesta.

¿Los músicos podían vivir de lo suyo en aquel tiempo?
Sí, había mucho trabajo por aquellos días. Una de las cosas que hacía el Sindicato de Músicos era organizar comidas para homenajear a los músicos extranjeros que venían al país y ahí en esos encuentros de músicos nacionales y extranjeros (donde no faltaban instrumentos y performances) se podían compartir experiencias y aprendizajes que luego nosotros volcábamos en nuestras presentaciones. ¡Qué buenos recuerdos!
Antes cada teatro tenía su orquesta ya que no había grabaciones, entonces acompañábamos a artistas como Maria Elena Walsh o Joan Manuel Serrat, que tocaban siempre en el mismo teatro. Había algo fundido en uno que dejaba placeres y anécdotas que nadie más podría sentir.

¿La mayoría de ustedes en la orquesta eran músicos profesionales?
Así es. Con condición, ejecución y lectura en poco tiempo se tenía la posibilidad de profesionalizarse y registrarse en el Sindicato de Músicos que te otorgaba el documento habilitante.

¿Qué pensás de las nuevas generaciones de músicos?
Pienso que están restringidos y no tienen la libertad. Tampoco cuentan con la cantidad de opciones que nosotros teníamos para vivir de eso.

¿Cuándo decidiste comenzar con la docencia?
Cuando los que eran mis amigos me consultaban por mi conocimiento y se multiplicaban. Así descubrí que debía enseñar.

Aparte de músico sos un excelente artista plástico y crítico de arte  
Está en la genética creo, ya que mamá era autodidacta y papá escribía. Tuve excelentes guias y por supuesto mis hijos lo heredaron, estoy orgulloso de ellos.

¿Algunas palabras finales para la revista?
Los sensibles a las artes son necesarios porque el mundo fallecería , sin ellos no existiría. Cada uno en el mundo tiene una función y la de ellos es la de despegarnos de este duro suelo y “poder soñar”. Pienso que Revista Brote justamente es la que da uno de los hilos que atan a los ángeles con la tierra.

*A la autora de esta nota le es difícil ser objetiva con el maestro Julio Figueredo ya que ella forma parte este mundo del arte este de la sensibilidad. Gracias, Maestro.

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