Luz en la inmensidad

Por Jennifer Maricel Acevedo

Rodrigo Terren con sencillez anda por senderos inciertos buscando y captando en la inmensidad de la naturaleza y sus noches, algo mucho más profundo que una simple fotografía. Se busca a él mismo y se encuentra en la gente, en la naturaleza, en el cielo, en las culturas que a lo largo del viaje de su vida y su profesión se cruza.
Sus fotografías marcan el respeto y el compromiso con la naturaleza. Así también como con la inmensidad de sus noches estrelladas, con lunas o sin ellas. Con la pasión y la motivación que le provoca la fotografía, se propuso a luchar por hacer de ella su forma de vida. Eso lo podemos ver plasmado en Travesía Visual, donde junto con su amigo Bruno García, movilizados por la pasión por la naturaleza, se embarcan en un viaje con la idea de recorrer Argentina en bicicleta.
Este proyecto tuvo el objetivo de producir un banco de fotografías que registren la belleza de la naturaleza, la fauna y la flora de nuestro maravilloso país. En ese transcurso del viaje dan charlas gratuitas en escuelas y universidades, además de organizar y donar talleres de fotografía nocturna. Más allá de este proyecto, hay un cúmulo de sueños, que acompañados por la entrega, la búsqueda inalcanzable y las fotografías que resumen la magnitud de esa profundidad interior, los caminos van abriéndose al paso de que presiona el botón en el momento exacto que la naturaleza se manifiesta ante la noche.
Sin más vueltas los invitamos a conocer a Rodrigo Terren en esta entrevista a continuación.

¿Recordás cómo y cuándo fue tu primer contacto con la fotografía?
Era en una época en la cual estaba un poco deprimido, entonces la única opción que encontré, fue viajar. Para salir un poco de lo encasillado que estaba, por decirlo de alguna manera, hice un pre-viaje a Bolivia antes de hacer ese gran viaje y en ese entonces estaba pensando en las posibilidades de cómo financiar el viaje. Fue ahí cuando me crucé con un fotógrafo europeo que se mantenía con la fotografía. Vivía de eso y le pagaban por viajar. Entonces, ahí dije, puede ser una opción. Antes de eso, estaba pensando hacer macramé, en realidad, ya estaba haciendo macramé y dije, bueno voy a probar con la fotografía porque puedo vender postales, hay un mundo de posibilidades. Pero bueno, antes de eso, no había tocado una cámara en mi vida.

¿Cómo surge tu pasión por la fotografía paisajista?
Uno no sabe si es el huevo o la gallina, digamos, si es que te encanta la naturaleza y por eso hacés fotos de naturaleza. Desde chico pintaba árboles. Siempre fui pésimo pintando y hoy en día me encanta fotografiarlos. Veo que va por ahí. Me encanta la naturaleza, estar ahí y la fotografía es también un poco la excusa de estar aún más tiempo en esos lugares, fusionarte más, vivirlos de otra manera.

¿Cómo surgió la idea de Travesía Visual? ¿Cuál es su propósito?
La idea de Travesía Visual surgió, un poco como te comentaba a los 23 años de edad, cuando me quería ir de viaje. A vivir un poco, a buscar un poco la magia en el mundo que en ese momento la había perdido. Yo creo que la fotografía me salvó la vida y al mismo tiempo me devolvió esa riqueza, esa sincronicidad, esa poesía que hay. Entonces, Travesía Visual tiene esa energía, esa búsqueda desde ese lugar, desde aquella edad. Hoy en día tengo 30, serian unos 7 años atrás. Cuando terminé mi carrera fotográfica intente hacer distintos proyectos funcionaron o no. En todo caso fue aprendizaje y fueron las bases de este proyecto de hoy en día.

¿Cómo describirías a tus obras?
Mira, yo pienso que la fotografía es un poco banal y cada vez está siendo más banal, tiene menos importancia, vale menos por la cantidad de fotógrafos y fotos que hay en el mundo.
Yo creo que mi gran obra es la apuesta al camino íntegro, a compartir conocimiento, a vincularse con las personas y a confiar en uno mismo, en su camino; más allá de lo que diga el mundo, más allá de lo que diga la lógica, la razón, la experiencia, esa aventura de decir. Este es mi camino, me la juego aunque tenga miedo, aunque no vea futuro cercano. Me la juego porque lo que soy, es lo que siento, es lo que creo y allá voy. Creo que esa es mi mayor obra, hoy, conmigo mismo. Ver en ese trayecto, desde hace un año atrás hasta ahora, como la sincronicidad que es algo que no se puede explicar de manera lógica, ni racional, pero que existe fue acompañando y es magia, es poesía. Capaz que suena absurdo decirlo, pero es tan real y está tan presente como cualquier otra cosa.
Va por ser apasionado, va por estar contento, va con compartir con los demás, por empezar a disfrutar más de la vida, disfrutar más de las comidas, de las charlas. Va por ahí…

¿Soles fotografiar con un propósito en mente o te dejás llevar por las oportunidades que surgen?
Las dos cosas. Me encanta cuando voy a un lugar específico, elijo la noche sin luna y ya voy con la idea y la imagen que quiero. Después llegado ahí, está bueno también ser maleable porque a veces lo que vos querés, no lo conseguís y eso te impide ver algo mejor.
Muchas veces el azar, que no tenemos en cuenta, nos devuelve algo con mayor riqueza si es que lo sabemos aprovechar y no nos encapsulamos en esa idea previa que teníamos.
También por las oportunidades que se dan. De repente estoy en un lugar, que no tenía ni idea que iba a estar y veo un paisaje bellísimo, salgo a la noche y hago la imagen, más allá de que sea muy buena o no, como que hago la apuesta. Por lo general, muchas veces me terminan sorprendiendo.

¿Cómo se desarrolla el instinto para saber cuándo hay que apretar el botón?
Bueno, en este caso, soy de sacar muy pocas imágenes, muy pocas. De día no saco ninguna. Uno trabaja más con la imagen que tiene dentro de uno y sabe. Mira el paisaje o mira entre comillas la realidad y ve si hay imágenes de uno ahí. Es algo interno. Es una previsualización de la imagen.
En principio, yo no saco fotos por sacar. Porque cada foto para mí es un espacio en la computadora, es trabajo, es edición, así que es gasto de equipo. En principio, lo que sacó intento que sea lo que edito, lo que uso.

¿Qué tipo de preparación haces antes de fotografiar?
Antes de hacer una foto nocturna nos fijamos si hay luna, si no hay luna, nubes, básicamente las condiciones atmosféricas del lugar adonde ir a fotografiar. Linternas, cargador de baterías, el horario, abrigo, un poco de comida, algo para tomar, el peso en las mejores condiciones y por lo general, visitar el lugar de día. Siempre que se puede visitar de día el lugar, encontrar la imagen y volver de noche.

¿Qué intentás expresar en tu fotografía artística?
En principio, no es que en estas series nocturnas que estoy haciendo durante el último año intento expresar algo con la fotografía. Para mi el arte, creo que está vinculado a la totalidad del proyecto. La fotografía es una parte de esa totalidad. La otra parte es el viaje vivido de esa manera, la puesta, usar esta frase que está un poco trillada “Hacé de tu vida una obra arte ”.
Vincular la pasión, los sueños, los talleres como que todo me parece que quizás sea la obra. Y las fotos es un ladrillo más, digamos. Quizás sea una de las cosas más visibles pero detrás de eso hay todo otro mundo.

¿Qué elementos tiene que tener una buena fotografía para vos?
Una buena fotografía tiene que tener al autor, tiene que tener identidad. Más allá de la técnica, del encuadre, más allá de la composición, a mí las fotografías que me gustan es cuando veo presencia, cuando me emociona, me conmueve. Si es una fotografía solo técnicamente bien expuesta la verdad que pierde el interés para mí.

¿Cuáles fueron las exposiciones donde has participado?
Participé en varias exposiciones nacionales e internacionales. Entre las nacionales estuve en el Festival de La luz, expuse en el Museo de Bellas Artes de Salta, después expuse en el Museo de Bellas Artes de Corrientes, expuse en la Alianza Francesa y entre las internacionales estuve en Francia, en Londres, en Chile y después en otras exposiciones grupales de menor escala.

¿Utilizas algún otro medio visual para combinar con tu fotografía?
Hoy en día, es más que nada una toma directa y después algún revelado básico de Photoshop.

¿Si tuvieras que elegir un lugar de la Argentina que te gustó fotografiar, cuál elegirías?
Me gusto mucho fotografiar Epecuén (Buenos Aires) hace muchos años atrás, hoy en día ya está un poco quemado. Pero cuando estaba inundado, que no era conocido, fui y el lugar me pareció de una increíble belleza, una ciudad silenciosa y entré en comunión con ese lugar más allá de las imágenes, la sensación. Después el Parque Nacional de Los Alerces en Chubut me encanta. Puerto Pirámide es un lugar que tiene para mi como mucha historia. En lo personal, fue donde comencé fotografía nocturna, más que nada perfeccionamiento y después un barco inundado, el Désdemona en Ushuaia, un motivo muy interesante.

¿Qué lugares te faltan y gustaría fotografiar?
Lugares que me faltan, me falta el mundo entero y lugares que ya fotografié y me gustaría volver a fotografiarlos, entonces es como inagotable. Me encantaría ir a la Antártida, la Aurora Austral sería una experiencia interesante para fotografiar. Me mueve la curiosidad y el desafío, entonces está bueno probarse.

Más información

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