Libreta Cultural Colectiva

En un cuaderno, en papeles sueltos, en el celular, en una agenda, en el margen de la hoja, en una libretita que viaja siempre con uno… todos tenemos un sitio en el que vamos registrando ocurrencias súbitas, resabios de experiencias, interrogantes. Son anotaciones que a veces quedan en la nada, otras abren puertas para linkear con otros textos, otras ideas, otras preguntas, otras experiencias. Generalmente, esas notas quedan reservadas al mundo íntimo, son para uno mismo… ¿Qué pasará si abrimos el juego y esa primera persona volcada en un texto breve se comparte, y se va sumando a otras primeras personas?
Esas numerosas voces, apreciaciones subjetivas de experiencias culturales, irán conformando, publicación tras publicación, una libreta colectiva, interpersonal. Porque es parte del espíritu de Revista Brote dar cuenta del modo en que percibimos, sentimos y vivenciamos las experiencias culturales. Y porque creemos que el compartirlas puede tentar a otros a crear las suyas. Por ello, publicaremos en cada número una serie de libretas, con la impronta propia de cada libretero.

LIBRETA por María Sol Guarino

13
Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome.
¿Todo se puede poner en palabras? ¿Existe una palabra para cada experiencia, para cada sentimiento? ¿O el nombrarlo todo será sólo un esfuerzo del ser humano para sentir que el mundo es un lugar seguro? ¿Podemos evitar nombrar las cosas? Le hago estas preguntas al poema 13 de Alejandra Pizarnik (en Árbol de Diana). La vieja dicotomía entre “ser un cuerpo” o “tener un cuerpo”, esta vez se me presenta con el lenguaje: ¿somos lenguaje, o tenemos lenguaje? ¿Es posible no poner palabras allí donde no las hay, o esto es algo constitutivo de nuestro ser y, en consecuencia, algo inevitable?
Jugando, pienso qué nombre le pondría a ciertas cosas como, por ejemplo, la sensación al estornudar, al desperezarme por la mañana, al abrazar a alguien que extrañé… Lo intento, y todos los términos me resultan insulsos, saben a poco. No me alcanzan las palabras de este mundo.

Dos veces Junio – Novela de Martín Kohan
Dos junios, dos mundiales, dos guerras. Dos Argentinas que duelen dos veces.
Gracias al silencio reinante en las calles, pueden oírse peculiares sonidos del otro lado de los muros. Casi imperceptibles. Son como golpes contra el concreto. Quizá sean ratas peleándose por un pedazo de basura. Suenan como puños pegándole a las paredes, suenan como manos de seres que ya no tienen uñas de tanto rasguñar las piedras.
Hay algo adentro que no se ve, algo que no se deja ver, y casi no se deja escuchar. No los dejan. Una voz del otro lado habla despacito, cuenta el horror. Sh! Que no se oiga.
Afuera no hay testigos. Oídos sordos atentos al partido de fútbol, u oídos necios atentos al deber. Todos los corazones argentinos latiendo al unísono, en pos de un mismo deseo. Todos, menos algunos: esos que, al igual que las ratas, se ocultan detrás de las paredes. Son ocultados. Tachados y enmendados, dejan de ser, al igual que esa letra que debió ser otra. No importa el contenido de lo que se diga, lo que importa es que esté correctamente escrito, de acuerdo a la norma.

Ilustración realizada por Micaela Zapata
https://michzapata.wordpress.com

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