Entrevista a Valeria Badano

Por Lucía Sordini y Juliana Portela

Una tarde de lunes Valeria nos recibió en su casa en la localidad de Luján. Mate de por medio, conversamos sobre algunas de las muchísimas preguntas que teníamos para hacerle. Antes de compartirles el resultado de esa experiencia, la presentamos:

Valeria Badano es Profesora Universitaria en Letras; Licenciada en Letras con orientación en Lingüística por la Universidad de Morón y Especialista en Estudios acerca de la Mujer y de Género. Es escritora, madre, docente e investigadora. Y, ante todo, es apasionada. En el año 2010, recibió el Premio Anual Mujeres Innovadoras en el rubro Letras, otorgado por el Senado de la provincia de Buenos Aires.

Algunas de sus publicaciones de estudio son: Escribir para chicos. La infancia y las escritoras. Una aproximación a las poéticas de tres autoras argentinas; Las otras miradas: Historias de mujeres. Sobre textos de C. Bajo, S. Molloy, E. de Izaguirre, L. Valenzuela y J. Cruz y La voz abismada: el espacio y la palabra. Hacia una teoría semiótica para la consolidación de un género latinoamericano. De ficción para chicos: colección de cuentos de terror Aunque parezcan mentiras; Lo que ellos no saben y Cuentos increíbles y Decires de la palabra perdida. Trilogía en un acto. Y de ficción: Indisciplinadas, todas.

¿Pensás que se entre cruza en tu vida los roles de madre, docente y escritora?  ¿De qué manera?

Sí, se entrecruzan siempre, no me puedo pensar sin ser madre. Me gusta y soy capaz de dejar de hacer cosas por serlo. Siento ese compromiso y a veces puede resultar agotador, pero es mi condición y la he elegido repetidamente. Cuando me dí cuenta que podía combinar los roles, los chicos no resultaron un impedimento, al contrario,  me ayudaron mucho.

La figura femenina está muy presente en tu obra ¿encontrás en esta rasgos de mujeres importantes en tu vida?

En la mayoría de las mujeres que aparecen en el relato. Muchas son partes de lo que soy yo. No sé si puedo decir que una mujer completa pasa de la vida real a un relato: hay fragmentos de todo tipo, la más fragmentada soy yo. Por momentos es mi mamá, mis tías, mis hijas, muchas de mis amigas. Hago todo un trabajo para sacar la realidad e instalar la ficción, para que nadie se sienta desnudo.

En el mismo sentido, ¿qué nos podrías decir de la figura masculina?

Me gusta esa pregunta porque, si bien en muchos de los personajes soy yo en todos los aspectos, mi intención no es borrar a la figura masculina. No me parece que la importancia de la figura de las mujeres tenga que ver con tachar al varón: deberíamos hacer un esfuerzo para colocar en un lugar de igualdad  a ese varón y es lo que pretendo hacer. No los quiero por encima de nosotras, ni los quiero anulados. Claramente somos diferentes, pero podemos hacer cosas de la misma manera, con el mismo entusiasmo, cariño y genialidad. A veces cuesta, porque uno es hijo del momento en el que vive, pero la idea de los relatos tiene que ver con eso. Empecemos a pensar en estos varones que, muchas veces, se ven obligados a hacer cosas que no sé si están tan contentos de hacer: se les ha creado una falsa masculinidad que nos ha costado hasta a nosotras.

¿Qué te inspiró a escribir relatos infantiles desde la perspectiva de los niños?

Esto de no poder separar del todo la “vida real” del trabajo. Los cuentos para chicos vienen de la mano de que a mis hijos (como la mayoría de las mamás) les contaba historias. A medida que lo hacía me iba entusiasmando. Desde muy chica pensé en escribir. Me recibí en letras, pero recién dos años después me pude sentar a escribir: ¿qué iba a escribir después  de haber leído a los grandes autores? Ya habían dicho todo, ¿qué iba a decir yo? Más tarde empecé a pensar que había cosas para decir, desde una mirada muy personal. Después me pidieron un cuento para chicos y quise narrarlo desde su perspectiva y no que sea un adulto el que hable por él desde una perspectiva docente de enseñar al chico lo que es pensar, lo que es sentir, lo que hay que hacer. La voz que aparece tiene que reflejar la voz que está hablando. No sé si es literariamente “productivo” pero sí interesante para el que escribe y para el que lee.

Llevas años trabajando en el nivel secundario como docente, ¿cómo es tu experiencia en este ámbito y qué alimenta este compromiso?

Durante años era levantarme y decir muchas malas palabras, pero necesitaba trabajar y seguir yendo. Hasta que me avive que no era un mal lugar, hay muchos jóvenes que están colgados, sí, pero también hay muchos que tienen una recepción interesante de lo que uno está diciendo. Es cierto, también, que la docencia está muy mal vista, pero alguien tiene que hacerlo, con consciencia y cierta rigurosidad. Mi compromiso como docente pasa por darles una mirada distinta.

Por último, ¿Hay algo más que nos quieras decir?

Me parece que está bueno que haya una movida con respecto a las cuestiones culturales. Que no sea todo (aunque estoy convencida de que no lo es) lo que ves en la tele o en la calle: que todo el mundo está muy ensimismado en su mundo y todo tiene que ser ya. Es importante que la gente que está en los estudios superiores tenga una inquietud para contribuir a la reflexión, porque es una dinámica que, me da la sensación, se está perdiendo. Cuando uno está en los estudios superiores lo empezás a entender: todo te lleva un tiempo, pero cuando sos chico no te das cuenta.

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