El arte como herramienta de integración social. Entrevista al artista Gabriel Assad

Por Carolina Amarilla

Gabriel Assad es un artista polifacético de Villa de Mayo. Desde chico su interés se inclinó por la pintura y la imagen en general. Su formación artística inicial fue con el pintor Andrés Pellegrini, también desarrolló sus estudios en el campo del diseño gráfico y la publicidad, aunque nunca dejó de estar en contacto con la pintura. Actualmente continúa su formación con la artista Nora Patrich. Gabriel enseña pintura en colegios secundarios, también oficios, como serigrafía y estampado, a chicos mayores de 16 años y chicos de escuelas especiales. Desde el año 2010 visita escuelas y distintos espacios con el objetivo de acercarles arte y que sea una herramienta de aprendizaje e integración social y desde hace dos años es responsable de un plan de refortalecimiento familiar, donde por medio del arte, se crea vínculos con chicos que asisten a comedores. En Noviembre se podrá ver una exposición con parte de sus obras en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de General Sarmiento.
En su taller, con mate de por medio, nos cuenta un poco sobre su trabajo artístico, su estilo, sus preferencias, sus proyectos, el vínculo que hay entre el arte y la sociedad en general, la comunidad y la escuela en particular y su visión sobre la actividad artística regional.

¿Cómo definirías el estilo de tus obras?
Gabriel: Creo que la base de cualquier pintura es el dibujo. Con Andrés Pellegrini hice mucho dibujo y después respecto de la temática, si bien dibujaba lo que se proponía en la clase, yo me inclinaba más a lo que a mí me llamaba la atención, que eran las temáticas sociales. Me siento más representado hacía un arte social. Si le tendría que poner un título a lo que hago sería expresionismo latinoamericanista, que retoma los orígenes nuestros, la negritud, el mestizaje, hacer visible las necesidades, los sentimientos, las cosas que nos pasan en lo cotidiano, de hecho no pinto cosas que no vea en lo cotidiano y trato de que eso diga algo al que lo ve.
Trabajo mucho en lo que tienen que ver con derechos del trabajador, los derechos de la niñez, la música, las expresiones y desde ahí el abanico es bastante amplio.
Mi intención no es hacer una pintura hiperrealista, ni tampoco tratar de copiar una forma europea o una vanguardia o hacer una mancha por la mancha en sí. Sino tratar que la obra tenga sentido, quizá lo logre o no; después es tarea del receptor juzgarlo.

¿Entonces intentas que tus obras tengan un mensaje concreto?
Gabriel: La persona que trabaja con las artes busca que eso que produce funcione de alguna forma. Toda obra dice algo y tiene un mensaje, incluso aquella que está pensada para no hacerlo. Sin mencionar a ningún artista particular hasta el arte abstracto, por ejemplo, tiene un mensaje incluso aunque esté mal hecho. Sin embargo en la pintura explicar algo es complicado. Yo trato de hacer lo que en ese momento siento y hacerlo lo mejor que puedo, a veces hay obras que funcionan, hay otras que con el tiempo las veo y no me gustan, o pienso yo quería decir una cosa y no pude. Se trata de una búsqueda donde en algún momento la obra funciona o no, y en ese caso seguís buscando. De otro modo se convierte en algo automático y repetitivo.
Hace un tiempo me llamaron para participar de una exposición sobre las construcciones de San Miguel y yo iba a llevar una obra que muestra a dos mujeres compartiendo una canilla para extraer agua, y esa obra de alguna forma da cuenta de que aún en el siglo XXI la gente todavía necesita compartir una canilla.
En América hubo grandes artistas como Orozco, Guayasamín, Egüez, Soldi, Quinquela Martín, que visibilizaron lo que sucedía en su tiempo, reflejaban lo que veían y no copiaban una fórmula extranjera para producir sus obras.
Las obras de estos artistas siguen teniendo fuerza hoy, pero no fuerza de moda, al contrario la esquivan y hacen una pintura que hoy sigue mostrando, que quizá hay temáticas que se repiten porque no hubo soluciones para esos conflictos.
La función del artista, sin ponerme en ese rol, es la de no conformarse, exigir y mostrar. El artista no soluciona nada, pero en su pintura queda un testimonio de lo que pasó.

Ya que no te pones en el rol de artista, ¿cómo te definirías entonces?
Gabriel: A veces la palabra artista es tan grande o tan chiquita que puede sonar distinto. Depende quien te lo diga te hace sentir bien o un payaso. Personalmente me considero una persona que ve, que le gusta observar y que va produciendo y buscando un camino, hacia dónde me lleva ese camino no lo sé, pero mientras voy dejando un testimonio de lo que me va pasando como persona.

En uno de los proyectos que desarrollás actualmente: “Las obras van al cole”, describís al arte como “una herramienta de aprendizaje e integración social”. En este sentido, ¿se puede decir que el arte entonces cumple una función social?
Gabriel: Sí, pienso que el arte es una herramienta de aprendizaje donde podemos integrarnos y cada uno con su potencialidad mejorar aquello que está haciendo.
Para mí el artista no puede estar ajeno a la sociedad, es parte de un tiempo y una realidad que va viviendo, algunos deben pensar que pueden ir mejorándola con su trabajo, como el ingeniero, el arquitecto o el odontólogo cada uno en lo suyo.
A los chicos de las escuelas de bajos recursos que visito hay que llevarles arte sino no tienen manera de recibirlo. Hay chicos que si no es en la escuela no es. No solo el arte, si no le dieron de comer no come, si no le dieron un abrazo no lo recibe. En mi caso yo les puedo llevar una obra.

Contame un poco más sobre el proyecto “Las obras van al cole” que llevás adelante…
Gabriel: Este proyecto se inició en el año 2010, se llevó a cabo con un equipo integrado por psicopedagogas y directivos de una escuela. En el año 2013 se presentó ante el INADI y bajo su recomendación se armó un material didáctico, un libro de de texto para tercer grado “Los bicilibros” que se distribuyó de forma gratuita a nivel nacional. En ese libro aparece una obra mía.
Consiste en visitas gratuitas a escuelas públicas, a los colegios privados les propongo que a cambio de mi visita ellos ayuden a una escuela pública con recursos materiales, didácticos, con lo que puedan.

¿Los grupos que visitas son de alguna edad particular?
Gabriel: Llegamos a más de 6.000 chicos a la fecha, los grupos son muy variados, visitó jardines de infantes, escuelas primarias, secundarias, visité la cárcel de menores, algunos comedores escolares, clubes barriales, ONGs, bibliotecas y por tercera vez consecutiva un centro de formación en docente.

¿Y esas visitas en qué consisten?
Gabriel: Les llevó algunas obras mías, les hablo de que la persona que pinta no es aquella que está únicamente está en un museo, que el cuadro está vivo que se puede mirar, tocar y que ellos pueden también hacerlo además que lo que dibuja el compañero hay que respetarlo. Luego los chicos dibujan algo y con ese material se hace una muestra en ese mismo lugar en la que a veces participan los papás de los chicos.

Esa actividad a lo mejor despierta un interés en los chicos que se puede mantener en el tiempo no?
Gabriel: Una vez que iba a hacer una exposición, mi hija que está en constante contacto con gente que pinta, me preguntó por qué iba a hacer una muestra si yo aún estaba vivo, y pensé que si ella no entiende que los cuadros puede ser de alguien vivo qué pasa con aquellos chicos que sus papás no los pueden llevar a un museo, que el único acercamiento que tienen a una obra es a través de un libro o una lámina. Por qué el maestro de plástica lleva a la clase una lámina de un artista de alguien que nunca van a conocer, y todos tienen que dibujar la obra para ver si les sale igual, por qué frustrarlo ante lo que podría ser para ellos una experiencia creativa. Yo les hago dibujar lo que ven, lo que quieran, no copiar mi cuadro.

¿Desde tu lugar, cuál es tu visión sobre la actividad artística de la región?
Gabriel: Una vez me pasó que fui a hablar con un director de cultura a presentarle un proyecto y me dijo que no era rentable y me comentó que si traía por ejemplo a un músico del momento reunía más personas que haciendo una muestra.
Pienso que las personas que están en los puestos no están totalmente capacitados, y eso te traba muchas puertas. Por otro lado, en la parte educativa, hay personas de muy alto cargo que lo que buscan es simplemente hacerse del proyecto pero no llevarlo a cabo, sin pensar si tal vez el proyecto está bueno para la comunidad.
En general me parece que en todos lados hay muchos recursos para cosas banales y las cosas que si lo valen no se les presta atención. Lo concreto es que San Miguel, José C. Paz y Malvinas Argentinas tienen muchos habitantes pero ¿cuántos museos o galerías vemos? Todos los lugares donde se puede ver algo artístico son privados. San Miguel cuenta con un teatro municipal, (Leopoldo Marechal) y con un lugar de exposiciones que es alquilado, no ofrece concursos abiertos ni se invierte capital para la promoción de artistas locales. De vez en cuando una muestra anual para conmemorar el aniversario del partido pero queda ahí. No hay un circuito cultural productivo.
Quizá no haya un público que le pueda interesar ciertas cosas pero al público también hay que formarlo. También hay gente con ganas de adquirir conocimientos sobre el tema que se le ofrece. Las personas encargadas de ver esto o no lo ven o no les importa. Y creo que como comunidad debemos exigir este tipo de cosas.
Un artista tiene que ir a exponer a capital porque acá no encuentra lugares dónde poder hacerlo y a veces esos lugares son muy caros o muy comerciales. Pero la gente que produce sí es de la zona y tiene ganas de hacer algo por acá.
Yo creo que todo en algún momento llega mientras se siga produciendo. No todo es comercial pero todo tiene que tener su espacio.

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