Dos cuentos

Por Nicolasa

La diferencia
Incluso los besos más apasionados que se habían dado antes quedaban ahora opacados ante la intensidad de éste. No es que las mordidas mutuas fueran distintas a las anteriores, no es que las sonrisas de ella o las manos de él jugaran de forma diferente, no es que los sabores de sus bocas hayan sido hasta entonces imperceptibles, no es que las palabras mencionadas previamente fueran más dulces, no es que la pasión no los hubiera encontrado nunca. Es, sencillamente, el sentirse mutuamente enamorados.

La caída de las gotas
La gota cayó violentamente contra el parabrisas generando un ruido seco.
María quedó sorprendida por la fuerza con la que esa pizca de agua se estrelló contra el vidrio y por la velocidad con la que caía, devorando a las pequeñas compañeras que tenía por delante. Se quedo absorta observándolas, notó que esa poderosa gota de lluvia, en consecuencia de su inmensidad, estaba sola.
Configuró en cuestión de segundos una alegoría de la lluvia con los hombres: uno sobresalía mientras los demás, en angustiosa compañía unos con otros, quedaban pequeños. La envolvió entonces la idea del sacrificio: “Seré pequeña para que tú puedas ser grande”. Y así, vio sus fracasos como elecciones, sus tragedias como poesías, su aislamiento como amparo, se vio importante, se vio significar. Quedó sumergida en aquellos pensamientos que ahora la abrazaban en consuelo de ella misma mientras las lágrimas caían, poderosas, por sus mejillas. Observó, ya segura de sí, como las ínfimas gotas de lluvia que continuaban bajando por el parabrisas se iluminaban, reflectando las luces que –creyó- escondían en su interior. Dejó salir su sonrisa satisfecha.
Jamás vio venir el auto de enfrente.

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