Blancanieves, la niña que enamoró al espejo

Por Malén Pessina

Disney, el abuelo favorito de nenes y papis que llega con miles de regalos y cuentos que entretienen a los (adorablemente inquietos, cuasi hiperactivos) chicos, mientras los grandes descansan merecidamente en las reposeras del jardín y hablan de lo buena que estaba la tira de asado del otro día, o de lo vendido que estaba el árbitro en el partido de la semana pasada.
Sí, es ese amiguito que a veces nos molesta porque lo vemos en todos lados, o que mandó a más de uno al psicólogo porque “la nena se enamoró de Peter Pan”, pero así y todo marca, y va a seguir marcando, distintos modelos estéticos y de rol que acompañan a los chicos a lo largo de su desarrollo.
Lo que voy a analizar, a lo largo de distintas notas (al estilo “continuará…”), es el modelo estético femenino que Disney nos manda como bombas repetidas en las películas y que, sostengo, se mantiene a lo largo del tiempo –sí, incluso hoy, con avance del feminismo y todo-.
Así, como el título de la nota spoilerea, voy a empezar con Blancanieves, primer producción cinematográfica animada de la actual principal industria cultural del mundo. Estrenada en 1937, Blancanieves y los siete enanitos, fue dirigida por David Hand, William Cottrell, Larry Morey, Perce Pearce y Ben Sharpsteen, bajo la producción de Walt Disney y basada en el cuento “Blancanieves” de los hermanos Grimm.
Con esta mini, minimísima, ficha técnica como para ubicar al lector sobre cuál de las tantas producciones audiovisuales de Blancanieves trabajaré, advierto que voy a enfocarme sólo en las observaciones realizadas del film y sus respectivos análisis, haciendo una breve mención –que no se puede omitir- al rol de la mujer y cómo el cumplimiento de éste influye directamente en el nivel de belleza de los dos únicos personajes femeninos de la película.
Desde el inicio del film se alude a los aspectos físicos de ambas protagonistas. Así, desde una placa que se propone como el propio libro de cuentos, se nos hace un resumen de la cuestión a tratar a lo largo de la historia: la vanidosa y malvada reina, madrastra de la “princesita” Blancanieves, se encuentra sumida en una profunda obsesión por ser la más bella de todo el reino. Este objetivo se ve en peligro ante la inminente belleza de su hijastra por lo que, para evitar que la joven sea efectivamente la más bella, la reina “la hizo vestir con harapos y la obligó a trabajar limpiando el palacio”. Esta afirmación, fíjese usted, presenta entonces la primer condición para la belleza femenina, ya que la idea de lo “hermoso” en ésta historia se encuentra fuertemente ligada al estrato social al cual pertenecen los personajes. Es decir, lo trascendental de lo lindo no es tanto el aspecto físico en sí, sino la clase social a la que uno pertenece. Por ejemplo, una vez avanzado el film, cuando la reina busca transformar su aspecto para poder acercarse y asesinar a Blancanieves, dice: “Y ahora, con una fórmula para transformar mi belleza en fealdad, cambiaré mi porte real para pasar por una pordiosera”.
Otra cuestión –ligadísima a la anterior- que también refiere a la belleza femenina, remite directamente a la edad de las protagonistas. Si tenemos en cuenta que la película no es otra cosa que la transposición de los relatos breves (orales) recuperados por los hermanos Grimm (una transposición refleja el pensamiento propio de la época en la que es producida), y considerando la existencia de distintos tópicos líricos que, si bien tuvieron su apogeo en la época renacentista, aparecen y reaparecen en la historia literaria con distintas matices, podríamos jugar a aplicar estos tópicos propios de la poesía en el cuento de Blancanieves y su transposición (que, de paso, me sirven para explicar el punto). Carpe Diem –famoso tatuaje-, tópico que remite a vivir el momento, aprovechar el día; Fugit tempus, asociado directamente con el tópico anterior, sostiene la fugacidad del tiempo y la aproximación de la muerte; y por último Corta las rosas doncella, tópico que recalca la importancia del aprovechamiento de la juventud y la belleza que ésta conlleva, ya que la vejez es el paso de la belleza a la fealdad.
En el film estos tópicos, sobre todo la importancia de la juventud en la belleza, quedan reflejados en las oposiciones de los personajes: Blancanieves es más bella que su madrastra y la reina es más bonita que su propia transformación por ser cada una (entre otras cosas) mucho más joven que quien le sigue. Algo así como una especie de propiedad transitiva en los personajes: Blancanieves> Reina y Reina> Pordiosera, entonces Blancanieves > Pordiosera.
El ejemplo esclarecedor en cuanto a este punto es la transformación de la antagonista de bella a fea (de reina a pordiosera): conlleva un mayor tamaño en los ojos, postura curvada, alargamiento y “ahuesudamiento” de manos y dedos, crecimiento de nariz y barbilla junto con una verruga en la primera, cabello blanco, agregado de arrugas y temblor en la voz.
Visto así, estas representaciones podrían reflejar la idea de que la belleza y la juventud están íntimamente ligadas, siendo la pertenencia de clase la variable que potenciaría la primera.
Una de las características principales de Blancanieves que, a su vez, se vuelve una de sus diferencias más remarcables con la –mala, pero recontra malvada- bruja (y que en el film afirma una vez más la superioridad de la princesa) es la delicadeza. En la peli, hay distintas manifestaciones de la delicadeza de Blancanieves: su manera de caminar, con pasos cortos y levantando un poco su vestido, el uso y los gestos de las manos, su manera de hablar, despacio y en tono bajo y en distintos comportamientos bastante difíciles de trasponer a un texto escrito. Por el contrario, no encontramos en el film ningún indicio de que la reina posea esta cualidad. Es a partir de este contraste, que la película propone a la delicadeza como una propiedad asociada a las mujeres bellas, virtuosas y como de índole propiamente femenina.
Otra de las peculiaridades de Blancanieves que la opone a la reina es la inocencia (que, si estás creativo, se podría ligar con la virginidad). El primer encuentro entre la princesa y el príncipe (su amado), está signado por el temor, la huída de ella y su negativa a hablarle (mientras que, hagamos memoria, la bruja está casada con el rey y, por ende, tiene iniciada su vida sexual), hasta que es besada por él al final –sin el consentimiento de la niña- con lo cual se deja asentada implícitamente la idea de su eventual matrimonio. De manera opuesta, la –mala, recontra mala- bruja, no es catalogada como inocente sino que es considerada una mujer “astuta” y, remarco, esto la posiciona como peligrosa. Así, el enano sabio advierte a la inocente de Blancanieves: “no olvides, querida, que la reina es muy astuta, es una bruja”, con lo que establece la idea de que la astucia –que se podría considerar a su vez como inteligencia- en una mujer es sinónimo de peligro.
Ligado a esto, no puedo dejar de mencionar los objetivos de ambas protagonistas que remarcan la disparidad entre ellas. En cuanto a la princesa, su objetivo claro –incluso mencionado- es el matrimonio con el príncipe, es decir, casarse con una persona del mismo estrato social y, por ende, también portador de belleza (mirala vos a Blancanieves). Mientras que la reina (que ya está casada) busca ser la mujer más bella del mundo. Esta “vanidad” de la antagonista (orgullo por lo logrado –matrimonio y belleza- y afán de ser admirada por ello) es considerada desde el principio como una de sus características principales y como algo negativo.
Hay una cuestión que no mencioné y que, si bien no condice puramente con lo estético de los personajes, sí condiciona –a mi entender- la superioridad de Blancanieves por sobre la reina: la religión. En un momento determinado del film, se nos muestra a Blancanieves rezando arrodillada a los pies de la cama –con las palmas de las manos juntas- pidiéndole al “señor” por la protección de los enanos y por el cumplimiento de su sueño –el príncipe-. Por el contrario, y ya lo utilicé como sinónimo de “la reina” varias veces en la nota, su antagonista es bruja: realiza encantamientos ocultos y rituales de magia con el objetivo de alimentar su propio ego y lastimar a quienes sean un obstáculo. O, en otras palabras quizás más adecuadas: profesa una religión contraria a la de la princesa y por ende, negativa. Con lo que, se entiende, las niñas lindas –o las más lindas- profesan la religión cristiana.
Esto incluso es observable en la escena final de la película en la cual se ve a Blancanieves y a su amado príncipe contemplando directamente al colorido cielo, en el cual se refleja un castillo que representa no sólo el símbolo característico de Disney Company, sino además “el reino de Dios”.
Sí, mi querido lector, me metí en un embrollo complicadísimo de salir, y seguramente todas las ideas que vomité en su pantalla están intentando ser digeridas sin mucho asco. Pero no se enquilombe todavía que, como dijo Cutzarida, ‘corta la bocha’, nos metemos de lleno en los aspectos físicos –vestimenta, rostro, colores- de ambas protagonistas. Después sí, si quiere, puede entregarse a la locura y hacerse un bollito en el piso del baño mientras se pregunta por qué se me ocurrió escribir una nota tan larga.
La primera en ser presentada es la reina: flaca, de piel blanca sin arrugas, ojos grandes y verdes, con labios alargados y de color rojo fuerte, párpados pintados de un violeta oscuro y cachetes rosa power; tiene por vestimenta un vestido de mangas largas sin escote color violeta oscuro con un cinturón que ajusta su estrecha cintura –marcándola-, capa negra larga, y una especie de velo que le cubre la cabeza pero deja visible su rostro (pero no su cabello y orejas). Es presentada así como un símbolo de la sexualidad femenina.
Blancanieves por su parte, es descrita por el espejo mágico como una joven cuyos “labios son como las rosas, su cabello como el azabache y su piel como la nieve que reposa” (en esta última afirmación se observa la supremacía del blanco como el color de piel de la belleza). Al verla en el film, observamos una joven de cabello negro corto, con un pequeño moño rojo como accesorio en su cabeza, ojos pequeños color marrón, boca chica, labios gruesos y rojizos, párpados levemente pintados en tono marrón oscuro, piel sumamente pálida –incluso más blanca que la reina- y cachetes levemente ruborizados. Su indumentaria consiste en un vestido de color amarillo y azul fuerte, mangas cortas con detalles en rojo y una capa marrón oscuro. Cabe resaltar que el vestido no remarca las curvas de la princesa, que es una niña. Representa, entonces, la inocencia sin indicios de su sexualidad, como sí los hay en la reina.

El rol de la mujer y su relación con la noción de belleza

Hasta ahora me encargué más o menos de mostrar las cuestiones estéticas, tanto físicas como de personalidad, de las mujeres en la película. Antes de comenzar con el apartado que, spoiler alert, es sobre el rol de la mujer, quiero agradecerle al lector que llegó hasta acá porque le interesó la –pesadísima- nota o porque es algún familiar mío y lo obligué a leerla en voz alta.
Si bien voy a mencionar los aspectos que observé en cuanto al rol que le otorgan a la mujer –más precisamente a Blancanieves- en la película, debo advertir que no voy a hacer un análisis completo de este aspecto ya que conllevaría una nota en sí misma por su extensión (y ya los agobié bastante), pero a su vez no puedo omitir estos detalles ya que determinan la superioridad –valoración propia de Disney- de un personaje por sobre otro.
Desde el principio del film se establece que el personaje de Blancanieves realiza distintas tareas domésticas, tales como lavar, planchar, cocinar y limpiar y que –por el contrario- la reina, muy lejos de realizarlas, es quien determina qué personas llevan a cabo esas labores.
Sin embargo, a pesar de que en un principio se nos presenta esta situación como algo negativo –el personaje de Blancanieves se encuentra arrodillada, limpiando las escaleras del patio del castillo con expresión ciertamente triste-, cuando la princesa arriba al hogar de los siete enanitos y encuentra todo sucio y lleno de polvo (cosa que, en el cuento original -¡ups!- no sucede ya que el hogar de los enanos está limpio) replica: “cuanto polvo (…) jamás han barrido esta habitación. ¿Creen que su madre…? *suspiro* a lo mejor no tienen madre, entonces son huérfanos”. He aquí dos puntos centrales, el primero indica (y no es sorpresivo) que la limpieza del hogar es llevada a cabo solo por la mujer –no se pone en duda la presencia del padre ante el desorden-, mientras que el segundo indica que la existencia o no de la mamá es determinada por el nivel de orden y limpieza del hogar.
La princesa decide entonces limpiar la casa de los enanos con plena convicción de que así la dejarían quedarse: “ya sé, para conseguir que dejen quedarme les limpiaremos la casa”. Incluso se diluye totalmente la idea de que para la princesa la tarea de limpiar el hogar es una situación denigrante y esclavista –como parece al principio del film- ya que mientras barre canta –en coro con los animales-: “limpiar te alegra el corazón”.
Así, una vez ella es aceptada en el círculo de los siete enanitos (‘enanil’ me sonaba mal), la relación que se establece entre ellos es una relación maternal. Es decir, la princesa asume el rol de madre de los pequeños hombres, sirviéndoles la comida y obligándolos a lavarse las manos antes de comer –claro, todos estos comportamientos que señalo como “maternales” los planteo desde el punto de vista que nos es impuesto socialmente-. Y es también a partir de esta conducta materno/infantil que se pone bajo la lupa la atracción sexual de los enanos hacia Blancanieves, que podría hacer alusión al comportamiento edípico (la atracción sexual de los niños por sus madres), como también podría ser leído como el interés sexual de los adultos hombres hacia las niñas –se lo ve como algo correcto, mientras no haya contacto, recordemos que los enanos NO son niños-. Además, el enano Mudito –el más infantil de los enanos- tiene claras intenciones e insinuaciones sexuales hacia la princesa, ya que cada vez que ésta atina a besarlo en la cabeza (claro gesto maternal), él intenta darle un beso en la boca, permitiendo así no solo la lectura del comportamiento edípico, sino además una lectura de actitud pedófila por parte de los enanos.
Todas estas cuestiones que marqué a lo largo de la nota sostienen la superioridad de Blancanieves –según la visión de Disney Company – por sobre la reina mala. El hecho de que la princesa sea capaz de realizar las labores domésticas (limpiar, barrer, cocinar) que ‘corresponden’ a la madre y que pueda a su vez comportarse como tal con los enanos, son las improntas que determinan las características deseables en una mujer y, por ende, superiores de Blancanieves. Es así que, entonces, la cuestión física no es sólo lo que determina si una mujer es más bella que otra sino que son los comportamientos que ésta lleva a cabo los que marcan el nivel de relevancia de cada una.
Debemos recordar, sin embargo, el contexto histórico en el que esta película fue producida (1937), contexto en el cual este tipo de manifestaciones y de representaciones de los comportamientos femeninos no son vistas como algo negativo, sino que formaban parte del entramado social. Veremos, a lo largo de las notas subsiguientes, qué aspectos cambiaron en las distintas producciones audiovisuales que continuaron a la película aquí analizada, y si reflejan los logros que la lucha femenina ha alcanzado en los últimos cincuenta años.
Finaliza así, por fin, el interminable análisis de la película animada infantil de Blancanieves. Invito al lector no sólo a mirar la película y sacar así sus propias conclusiones –si bien aquí hablamos solo de la cuestión estética femenina hay otros aspectos super analizables-, sino que también les propongo acompañarme en esta hilarante aventura de análisis fílmicos –porque como verán, mi vida es una montaña rusa de emociones- que continuarán en las siguientes ediciones de la revista.

Print Friendly, PDF & Email