Artistas a la carta

Una mirada sobre espacios artísticos no convencionales

Por Lic. Jose Luis Albornoz. Foto: Santiago Torreguitar

Tiempos duros para el país, el golpe se siente fuerte en el arte y la cultura. Desde varios puntos podía abordar esta nota, pero decidí tomar, quizás, el más “trágico”. No por capricho o por ser hiper pesimista, sino por el contrario: para valorizar y destacar la importancia de los espacios no convencionales, de artistas multifacéticos y “todo terreno” en tiempo de crisis. Son estos espacios con su gente los que, cual David frente a Goliat, resisten e inclusive se presentan como una alternativa frente al circuito (muchas veces vicioso) comercial y artístico. El objetivo de estas líneas incluye la visibilización de una nueva modalidad (en ascenso) de combinar dos prácticas: la culinaria o gourmet con la artística. Y se combinan dentro de lugares que ofrecen disfrutar de un exquisito y variado menú mientras suena en vivo un grupo de música.  Estos espacios no convencionales para el arte son generalmente restaurant o cafés que el fin de semana ofrecen una cargada agenda cultural. Cada vez son más los que trabajan con esta modalidad y más también los artistas que se presentan, quizá por sentirse contenidos, valorados y comprender de qué va la mano en estos tiempos duros que nos tocan pasar.

 

Inflación, tarifazos, salarios en baja, desempleo, sindicatos en lucha. No se necesita ahondar en la grieta, ni ser un analista económico y político para predecir un futuro cercano con las mismas (en el mejor de casos) características. Y la gente tiene que recortar gastos y los espacios culturales tienen que pensar alternativas para sobrevivir. Una cosa va de la mano con la otra. Los primeros “gastos” que se borran de la lista son los consumos culturales.  La estadística lo confirma, la más reciente (y seria) es el balance anual del 2016 realizado por Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA) para medir el consumo de los habitantes de Capital Federal. El consumo cultural, en todas sus áreas, descendió con niveles alarmantes. La asistencia a espectáculos (cine, teatro, conciertos, etcétera) junto con las visitas de museos quedaron muy por detrás en el orden de preferencias. Solo tres de cada diez familias pagaron el año pasado por disfrutar de este tipo de entretenimiento, lanzó la encuesta.

Cae el consumo y aumentan las tarifas de servicios: un cóctel explosivo para los centros y espacios culturales. Esta situación es igual (o peor) aquí, en el conurbano bonaerense.

El 2016 fue un año decadente para todos los sectores culturales. En el sector editorial cayeron las ventas casi un 30%; a esto se le suma otro factor negativo:  la importación de libros que, sólo en el primer semestre de 2016, aumentó un 50%. En las artes audiovisuales, la situación es trágica. Mismo panorama en las artes escénicas: la venta de entradas para los funciones locales cayó en 2016 un 7%; aunque, según la Asociación Argentina De Empresarios Teatrales (Aadet) la situación se agudizó a partir de abril, con un desplome del 25% en el total de espectadores. Muchas salas dependían, como fuente primaria de ingreso, de los talleres, cursos y seminarios pero en esta época de crisis la gente recorta esos “gastos” y el descenso de la matrícula de alumnos es notable.  El dato quizás más dramático: en 2016, los costos operativos de energía y de servicios de los teatros, que iban del 2% al 4% de sus costos totales, pasaron a ser de casi el 20%. Una salida para paliar, aunque sea un poco, la crisis y llegar a subsistir son las promociones y descuentos en el valor de las entradas o la modalidad “a la gorra” (La Herrería Teatro, uno de los espacios culturales más reconocidos de San Miguel trabaja desde hace años de esta manera).

En los centros no convencionales que menciono en esta nota se utiliza la modalidad “a la gorra”. De esta manera los comensales colaboran con los espacios para que los artistas puedan recibir el pago por su labor.

Entonces se alza con más fuerza esta sociedad: artista por un lado y dueño (¿agitador cultural?) del restaurant/casa de comida/ café por otro. El beneficio es mutuo: el artista convoca a un público, conocidos, amigos, familia que va esa noche (y quizá vuelvan seguido) a comer (consumen) a ese espacio. Y al mismo tiempo el artista se lleva la recaudación de la gorra, que no es menor. ¿Será que con la panza llena, la gente se vuelve más generosa?. Ante la crisis, la agenda cultural de los espacios tradicionales para el arte (museos, centros culturales, teatros, salas de exposiciones) disminuye, se vuelve quizá más “mezquina”. O si se realizan eventos cuesta que el público se acerque, por todo lo que venimos diciendo. Estos lugares gastronómicos, con una visión artística se vuelven motores dinamizadores de la cultura y por eso es necesario hablar de ellos. En el conurbano noroeste, lugar de origen y residencia de la Revista Brote, en estos últimos 2 años se visibilizó aún más el trabajo de estos espacios. Para conocer un poco más de su dinámica y la esencia de estos lugares, charlé con el director del café literario Bók og kaffi, ubicado en Bella Vista: Santiago Torreguitar. Y el dueño de La Fonda, Gourmand cultural (como él mismo la llama): Ignacio Galán. Son dos espacios bien distintos: Bók es más intimista y hogareño. En cambio La Fonda posee un espacio al aire libre ideal para disfrutar de la combinación: naturaleza, comida y arte. La mirada que ellos mismo tienen de su espacio es fundamental para comenzar a pensar cómo ven la escena artística local y su aporte para la misma. Ignacio define a su lugar como un lugar de encuentro, un espacio más armonioso del de la vida cotidiana. Un encuentro con la naturaleza,  con los aromas del parque, con los sabores de comidas que fuimos preparando. Eso fue pensado así, y eso ofrecemos.  En medio del caos de lo habitual poder disfrutar de esta serenidad y de placer. En ese camino la atención es sumamente descontracturas, personalizada y amable. Hay algo en el emprendimiento en el orden de lo amoroso, de poder compartir el amor que uno siente por algunas cuestiones. Santiago Torreguitar, productor también de una revista literaria local llamada Siete Borreguitos, recuerda los inicios del lugar: la combinación del café literario con lo artístico fue natural. Desde un principio creímos que el lugar podía funcionar como un punto para expresar, y en ese expresar no trazarse límites. Más allá de las dimensiones del espacio, la acústica y la capacidad, lo importante siempre es poner a los artistas en un lugar de igualdad con el lugar, poder armar las fechas en conjunto y que del compartir surjan cosas que colaboren al aprendizaje. Lo particular de venir a Bók, es poder encontrar un lugar donde se genera una comunión entre artista y público, combinar eso con algo rico para comer e invitar a la gente a que venga a disfrutar de ese rato.

Ya comenzamos a ver tópicos comunes: atención personalizada, ambiente amable y un disfrute de ese espacio de encuentro. Ahora el vínculo con lo artístico es quizá un rasgo que los distingue de otros lugares de comidas. Para Ignacio La combinación del servicio con la música, y pidiendo a los artistas que inviten a otro sector también posibilita sociabilizar sentidos más comunitarios, más solidarios que los habituales. En esto coinciden nuevamente desde Bók, vemos a los espacios culturales de la zona como algo vital para el desarrollo artístico. Celebramos la existencia de diversos puntos de expresión. A la vez, somos críticos con las formas de encarar esos proyectos, la forma de tratar al artista, la forma de albergar al espectador y la seriedad a la hora de presentarse como espacio. Solemos encontrarnos con errores propios que surgen del diálogo con quien puede vernos de afuera, y eso hace que podamos crecer; Me cuenta Santiago de Bók. La escena artística local, es difícil de definir por su heterogeneidad y dinámica. Santiago la piensa de esta manera desde el lado crítico: desordenada. Desde la experiencia: prospera. Por eso veo fundamental el orden que le dé un marco a esa prosperidad. Es infinito en caudal de artistas, son infinitas las formas de expresión y los lugares que ofrecen buenas propuestas existen. Mirando para atrás, veo pasos que se han dado de buena manera, como también los que aún faltan dar. Lo fundamental, es que el techo está lejos aún, y eso da un margen de trabajo que es lindo poder aprovechar. Ignacio pone el foco en la importancia de lugares como La Fonda para alimentar el escenario artístico: es importante brindar este espacio  para que la gente que hace arte se pueda expresar y trabajar de eso que hace es muy importante.  Ponemos a disposición el espacio para talleres, lecturas. Otra cuestión es que por acá ha circulado gente variada, algunxs músicos reconocidos en el ambiente y otros chicos jóvenes que están en camino de profesionalizarse, todxs pasan por acá y comparten una misma noche. Eso suma a la escena artística local.

El presente encuentra a estos espacios artísticos y culinarios en auge, aportando su granito de arena a la batalla cultural (y no es exagerado). El futuro para ellos, tan incierto como el sector, va a depender de su adaptabilidad a los cambios pero cada uno tiene sus expectativas. Ignacio sabe que existen otros espacios que están produciendo esta relación entre el servicio de la comida y la música. Es muy bueno que esto suceda y que exista otro tipo de lazos con lo cultural que no devengan de lo que decida solamente una secretaría como política sino que la propia comunidad la propia sociedad proponga otro tipo de intercambio y posibilidades para esto suceda. Santiago complementa esta idea: Sería lindo poder formar un corredor cultural en la zona, con pluralidad de ideas y gustos. Vivimos en una zona donde los buenos artistas brotan del suelo en cantidades, esa es la base de todo. Ellos son la base y hay que cuidarlos. Imagino un futuro de talleres, de propuestas, de gente que venga a tocar, a expresarse, a presentar un libro o lo que sea y tenga ganas de volver. Queremos que el espacio sea un punto de encuentro y lo vamos logrando, eso es lindo.
Imagino, a la vez, que el ida y vuelta con la gente nos haga aprender y crecer.
Lo más lindo de imaginar, es poder elegir, cualquier día y a cualquier hora, algo lindo para hacer, aprender, escuchar o disfrutar, ese sería el mayor anhelo.

Algunos de estos espacios en la región noroeste del Gran Buenos Aires que funcionan bajo la combinación culinaria/artística son: Il Amichi, Club Cabral, La Fonda, Bók og Kaffi, Life, Lo de Oliva, Friendship Bar, Pelthombar, entre otros.

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