América alverre y pa´dentro.

Por Alejandra García

“Mientras el cuerpo social deambula dentro de su propia estructura intelectual, la vida le cuestiona sus derechos por intermedio del arte. En este sentido lo vital es lo tenebroso frente a lo social.”

Rodolfo Kusch

Ensayo sobre Terrenal de Mauricio Kartun

Joaquín Torres García, pintor uruguayo del siglo pasado, realizó una obra pictórica, “América invertida”, que voltea la concepción que tenemos sobre el mundo y nuestro lugar en él. En ella se observa el sur en la parte superior del mapa, y si la expandimos a todo el globo terráqueo, América Latina se ubica en la cima del mundo.

La América Profunda de Rodolfo Kusch inscribe una nueva dirección en ese mapa, que orienta la mirada hacia adentro y le agrega una dimensión adicional que bucea en las profundidades de una geografía imprecisa que es dominio de la memoria involuntaria, la que hace presente la modernidad en la poesía de Baudelaire, según Walter Benjamin en su ensayo sobre ese autor.

Es la memoria involuntaria la que trae a escena en Terrenal de Mauricio Kartun, imágenes que entrelazan los mitos originales del hombre. Mandamiento y libertad de espíritu se articulan constantemente en la obra y abre en el espectador la posibilidad de experimentar una realidad que se aleja de las concepciones totalizantes de una cultura globalizada. Terrenal se abre a un nuevo modo de habitar el mundo, una perspectiva más vital, dinámica, porque a partir del juego de concepciones opuestas pone en movimiento los elementos que estructuran nuestro pensamiento.

Los hermanos parecen haber estado siempre allí, abandonados en un terrenito perdido en algún lugar del conurbano. Su presencia en escena evoca peleas que nos son familiares, pero desmanteladas en las partes que engendran los razonamientos de nuestra cultura. Pensar seminal que permite redefinir lo esencial a partir de dos elementos que se relacionan y que enfocan uno la vida como disfrute y el otro la vida como sacrificio. Es un principio que no tiene fin, está en constante movimiento y se expande sin perder nunca los rastros de su origen geográficamente situado que se proyecta hacia lo universal.

Uno de los hermanos es muerto por el otro y la geografía mental se reorganiza cambiando la ubicación de los elementos, convirtiéndolos en planos que se superponen y modifican la estructura de nuestro pensamiento que va de una lógica de lo relacional en niveles paralelos, hacia a una lógica de lo relacional orientado a lo profundo. La historia llama a buscar en las profundidades de la memoria las imágenes estéticas que propone la obra y que las palabras no dicen.

Hay un cultivo propio de cada cultura. Pimientos e isocas. Plantas y bichos. Los bichos comen plantas, pero los pescados mueren engañados por los bichos. La isoca triunfa desde las entrañas de la tierra, y emerge con su cultura subterránea  fagocitando el pensamiento en un giro constante hacia la expansión, producto de una lógica de la negación, de los opuestos.

El estar siendo americano es producto de un tipo de dialéctica, fagocitación la llama Kusch. En ella no es posible la existencia de una sustancia esencial, el ser de la filosofía aristotélica cuyo vocablo remite a un estar sentado,  sin un estar que alude al estar parado, un prepararse para la batalla. La unidad básica del pensamiento americano es un estar siendo, una dualidad que no se sintetiza nunca, sino que está siempre en movimiento, es un estar siendo para el fruto.

La civilización que la colonización pretendió imponer borrando con su pulcritud el hedor americano, ha sido fagocitada por el pensamiento preexistente a ella. El  estar siendo americano subyace entre los símbolos culturales que le dan sentido a nuestra existencia actual. Estos mojones son aciertos fundantes que apelan a lo lúdico más que a la lógica argumentativa que pretende formatear la experiencia del hombre civilizado.

“Lo cascarudo”: ¿cocoliche o sustancia? En el lenguaje de Terrenal está presente el juego. Combina el bíblico, el infantil, el culto y el criollo, el del colono y el del gaucho, produciendo un extrañamiento que contribuye a interpelar al espectador a que reponga de sí lo que la obra viene a estar siendo.

Tatita ponía el mundo patas para arriba y se iba de joda con Abel, a vivir la vida en el tiempo libre. Antes de que Caín, muerto de celos, cambiara la concepción del mundo en que vivimos, en Terrenal la pirámide americana se apoyaba en ese punto en el que los dos hermanos se peleaban proyectando los planos de su perspectiva hacia el universo en una expansión constante. Es la contracara de la concepción actual que tenemos de la realidad, en la que América está alverre y p´adentro.

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