Acción Poética en San Miguel: reflexión de una experiencia

Por Carolina Do Pazo

El movimiento Acción Poética es un fenómeno mural-literario que comenzó en Monterrey, México en 1996. Tiene como fundador al poeta mexicano Armando Alanis Pulido y consiste en pintar e intervenir los muros y paredes de las ciudades con fragmentos de poesía contribuyendo a mejorar el espacio público.
Frente a una idea de “democratización” de la poesía como lenguaje, el movimiento surge y proyecta pequeñas frases de no más de ocho palabras en las paredes con el objetivo de acercar la poesía a la gente y que este lenguaje no quede relegado a un libro, a una elite o a la tradición clásica más cerrada. Popularizar la poesía se vuelve una idea revolucionaria.
Sin embargo, esta revolución posee una serie de reglas básicas que organizan el movimiento y lo formalizan como Acción Poética. Entre estas reglas se encuentran (además de la cantidad de palabras por frase) el color de los murales, que siempre debe tener fondo blanco y letras negras; las primeras diez frases pintadas, que deben pertenecer a su fundador mexicano; las paredes elegidas para pintar, que deben ser cedidas por sus dueños evitando el vandalismo o el daño a la propiedad privada; el contenido de la frase, que no debe tener un valor político o religioso capaz de herir susceptibilidades sino, al contrario, debe tener un valor positivo que deje al lector reflexionando… y, por último, las frases pintadas, que deben ser consensuadas con el dueño de la propiedad lo que conlleva un debate en el instante mismo de la acción.
En esta oportunidad entrevisté a Nadia Salinas y Gisela Ederle que, junto a Cintia Ojeda, son las iniciadoras del movimiento en el territorio de San Miguel. La organización comenzó en Febrero del año 2013 y, a pesar que en la actualidad no esté en actividad debido a una falta de tiempo y de recursos, las experiencias vividas fueron lo suficientemente intensas para que aún continúe vigente su resultado.
“Navegando en las redes sociales y debido a un interés personal empezamos averiguar de qué se trataba el movimiento. Al principio pensamos que era algo mucho más informal y nada que ver… el movimiento tiene toda una logística y una serie de reglas y controles” relata Nadia.
Las tres fundadoras de Acción Poética San Miguel se pusieron en contacto con el coordinador nacional del movimiento (Acción Poética Tucumán) con el objetivo de legitimar el grupo en el territorio y que sea reconocido como célula de la organización.
Durante los dos años que estuvo activo el movimiento se pintaron un promedio de treinta y cinco murales en la zona. “Nos pasaba que los vecinos no entendían de qué se trataba todo esto y nos preguntaban: ¿Ustedes son de la municipalidad?¿Cuánto nos va a salir esto? No entendían que un grupo de personas lo hacía porque sí, porque se une como un colectivo organizado que pide permiso para accionar, a diferencia quizás, de un graffitero” cuenta Gisela.
Tanto Nadia como Gisela cuentan su experiencia con una sonrisa, lamentando la falta de tiempo real y de recursos que las imposibilita para continuar con el movimiento pero esperanzadas que un día vuelva a activarse esta célula de acción que, en estos momentos y sólo en estos momentos, se encuentra en reposo.
Ante la consulta del modo de organización de Acción Poética ellas dicen: “Convocábamos a la gente, principalmente, a través de las redes sociales. Comentábamos dónde íbamos a estar y la gente se sumaba. No había una organización previa, era la acción…” Las anécdotas contadas por las entrevistadas son de las más variadas, algunas graciosas, otras muy positivas y esperanzadoras y otras bastante negativas. Gisela relata: “Un día venía en el colectivo por la calle Perón y veo a una chica que detuvo su auto y cruzó corriendo para sacarse una “selfie” con el mural pintado en Edenor y después, como si nada, se sube al auto y se va. Tenía ganas de abrir la ventana y gritarle: ¡yo lo pinté!”. En otra circunstancia de acción en la localidad de Bella Vista cuentan cómo el momento de la pintada de un mural contribuyó al reencuentro de dos vecinas “Me miró y me dijo: no le veía la cara a mi vecina hace años. Me agradeció y me dio un beso” cuenta Gisela.
La falta de tiempo para la organización y la acción, junto a la imposibilidad de delegar el mando del movimiento debido a la responsabilidad que requiere, contribuyó a que Acción Poética San Miguel esté paralizada. Sin embargo, la apropiación del espacio es una meta lograda. Un espacio vacío y rutinario como una pared se convierte en un espacio de poesía y de reflexión. Este movimiento logra, a través de la intervención de ese espacio mural, que el vecino o el transeúnte lo vea y reflexione con él. La pared se convierte en sujeto literario, capaz de expresar sentimientos, de hacer preguntas introspectivas… la pared acciona. Acción Poética interviene y convierte el muro en sujeto de acción. No le quita su función arquitectónica, no lo abstrae del paisaje urbano en el que se encuentra inserto sino que la revaloriza.
Me gusta pensar que, como Gepetto en el cuento infantil llamado Pinocho, este movimiento le da vida a los muros que los propios vecinos ceden…
Finalmente y haciendo un balance positivo Nadia Salinas reflexiona: “Si volviera el tiempo atrás no haría algo diferente. Nosotras lo organizamos desde el disfrute, lo hicimos porque nos gusta…Si lo hubiéramos estructurado más y hubiéramos delegado o jerarquizado tareas no sería igual… se perdería la totalidad del proceso y lo “rico” del movimiento. Nunca se convirtió en un trabajo, en una obligación. Cuando empezamos a notar que la frase era “tenemos” que ir a pintar y no “queremos” ir a pintar ahí terminó todo”.
A pesar de las circunstancias el movimiento logró captar, aún hoy, la mirada de muchas personas. Esta célula accionaria está ahí latente y a la espera de una nueva ola contagiosa de poesía…
Quién dice, lectores, que esta nota no sea el puntapié inicial de esta segunda etapa.

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